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domingo 30 de septiembre de 2007

NOSOTROS SOMOS EL OBSTÁCULO

26 Tiempo ordinario (C), Lucas 16, 19 – 31

NOSOTROS SOMOS EL OBSTÁCULO

JOSÉ ANTONIO PAGOLA

SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

 

26/09/07.- La parábola parece narrada para nosotros. Jesús habla de un « rico» poderoso. Sus vestidos de púrpura y lino indican lujo y ostentación. Su vida es una fiesta continua. Sin duda, pertenece a ese sector privilegiado que vive en Tiberíades, Séforis o Jerusalén. Son los que poseen riqueza, tienen poder y disfrutan de una vida fastuosa.

Muy cerca, echado junto a la puerta de su mansión está un «mendigo ». No está cubierto de lino y púrpura, sino de llagas repugnantes. No sabe lo que es festín. No le dan ni de lo que tiran de la mesa del rico. Sólo los perros callejeros se le acercan a lamerle las llagas. No posee nada, excepto un nombre, « Lázaro» o Eliezer que significa «Mi Dios es ayuda».

La escena es insoportable. El «rico» lo tiene todo. No necesita ayuda alguna de Dios. No ve al pobre. Se siente seguro. Vive en la inconsciencia total. ¿No se parece a nosotros? Lázaro, por su parte, es un ejemplo de pobreza total: enfermo, hambriento, excluido, ignorado por quien le podría ayudar. Su única esperanza es Dios. ¿No se parece a tantos millones de hombres y mujeres hundidos en la miseria?

La mirada penetrante de Jesús está desenmascarando la realidad. Las clases más poderosas y los estratos más míseros parecen pertenecer a la misma sociedad, pero están separados por una barrera casi invisible: esa puerta que el rico no atraviesa nunca para acercarse a Lázaro.

Jesús no pronuncia palabra alguna de condena. Es suficiente desenmascarar la realidad. Dios no puede tolerar que las cosas queden así para siempre. Es inevitable el vuelco de esta situación. Esa barrera que separa a los ricos de los pobres se puede convertir en un abismo infranqueable y definitivo.

El obstáculo para hacer un mundo más justo somos los ricos que levantamos barreras cada vez más seguras para que los pobres no entren en nuestro país, ni lleguen hasta nuestras residencias, ni llamen a nuestra puerta. Dichosos los seguidores de Jesús que rompen barreras, atraviesan puertas, abren caminos y se acercan a los últimos. Ellos encarnan al Dios que ayuda a los pobres.

 

‘PERMANECER EN PLENITUD DE VIDA’


AÑO VII /  9.217 ejemplares
ISSN: 1579-6345
ecleSALia 20 de
septiembre de 2007
 
 

'PERMANECER EN PLENITUD DE VIDA'

Introducción al tema del misterio pascual*

JESÚS BURGALETA, 05/10/06

MADRID.

 

ECLESALIA, 20/09/07.- Me gustaría tener 28 años y no 67, recién cumplidos, para poder explicaros este tema del Misterio Pascual, sin que nadie dijera para sí : éste ha elegido el tema y esta orientación porque ya ha pasado el inicio de la curva del declive de la vida.

Me gustaría tener la pletórica salud de la que disfrutaba a los 44 años, y no este aspecto enfermizo y delicado de ahora, para poder explicaros este tema del misterio pascual sin que nadie dijera para sí o comentarais entre vosotros, éste ha elegido el tema y esta orientación impulsado por un mecanismo de proyección o porque es un sadomasoquista.

Os quiero decir que yo descubrí el Misterio Pascual a los 24 años, precisamente gracias al Instituto de Pastoral, y desde entonces ha sido el centro de mi vida, de mi preocupación pastoral, de mi estudio y enseñanza y sobre todo de la celebración.

Me gustaría que tuvierais en cuenta a lo largo del curso que yo vengo a hablar de la vida: de la actitud -tan querida y frágil– y de su plenitud –tan deseada y soñada- (y problemática).

Que lo que interesa es la vida, esta vida. Que no hay más vida que esta vida. Que para ella vivimos, luchamos y hasta morimos. Que la vida pide vida, no muerte. Que la muerte, tan natural, es lo más antinatural: lo contrario de la vida.

Deseo poner de relieve la vida: la vida que hemos recibido, que nos han dado otros vivientes, que nos esforzamos por desarrollar, perfeccionar, hacer crecer; a la que defendemos de todo ataque y persecución: ¡la vida sí que está amenazada!: por dentro, por fuera, por tierra, mar y aire; por la educación, la ideología, la sociedad, la manipulación, la Iglesia, el Estado; por cada uno de nosotros y que los que nos rodean.

Como contaba san Pablo, la vida y, el único evangelio es la vida, y su buena noticia nos ha hecho sufrir de día, de noche, nos ha azotado y encarcelado, nos ha deportado… ¡Por la vida, no solo por el impulso de supervivencia como si fuéramos un animal cualquiera, por la vida vivimos!

Nuestro grito es ¡viva la vida! Nuestro impulso es: ¡Por la vida! El deseo más noble del ser humano es ¡ tener vida y dar la vida! Y permanecer en plenitud de vida.

Tened en cuenta esto. Pero no se puede ser iluso. Nuestra vida es mortal. Somos una canoa que hace agua en alta mar encrespada; una canoa que no encontrará otro puerto que la oscura sima del océano.

De la Vida, de la Vida real, de nuestra vida mortal nos habla el Misterio Pascual, para que seamos capaces de vivir desesperadamente esperanzados. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

* Jesús Burgaleta leyó este texto en la primera clase de la asignatura que impartía en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid. Lo compuso el día anterior mientras recibía quimioterapia. La transcripción es de Mari Patxi Ayerra, una de sus alumnas.

 

 
 
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sábado 29 de septiembre de 2007

I. LA FAMILIA

                                                        Camilo Valverde Mudarra

 

 

     La felicidad personal y el bienestar social van estrechamente enlazados a la prosperidad conyugal y familiar. En el ambiente que respiramos, se han introducido diversos modismos y deformaciones que avocan a la ruina de la familia y la quiebra del matrimonio; la unión matrimonial sufre frecuentemente la agresión del egoísmo, del hedonismo y el materialismo. Las actuales tendencias económicas, socio-psicológicas y civiles originan fuertes perturbaciones para la familia. Nuestra respuesta será la de S. J. Crisóstomo: "No me cites leyes que han sido dictadas por los de fuera… Dios no nos juzgará en el día del juicio, por aquellas, sino por las leyes que Él mismo ha dado".

     La familia es la célula viva del cuerpo social, si se ataca y destruye, se desmorona la sociedad y quedará expuesta a la barbarie. La familia es el núcleo primario de ayuda mutua y de educación de los hijos en virtud del sacramento del matrimonio. Ya lo expresaba el Vaticano II: "los cónyuges se ayudan mutuamente a erigir su amor fecundo y a fortalecer la educación de los hijos en la unidad, consorcio del cual procede la familia (LG 11).

     La verdadera familia se fundamenta en oír la palabra de Dios y cumplirla en la práctica del día a día. La familia ha de fundamentar la unión, huir de estorbos y desvíos, prever los peligros y rupturas; y poner amor, donde no haya amor, en la entrega diaria.

     El matrimonio tiene sus raíces en la creación. "Desde el principio, el Creador los hizo macho y hembra y dijo: 'Por esto, el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne'. De forma que ya no son dos, sino uno solo" (Mt 19,4).

     Pero, "Moisés permitió el repudio y el libelo de divorcio", le dijeron, a Jesús y Él contestó: Ello se debe a la "dureza del corazón humano". La rudeza que lleva a la violencia. La impiedad, la obstinación en el egoísmo y el hedonismo personal y social crean situaciones irreversibles y tan difíciles para la convivencia, que hacen precisa la separación y el divorcio; que siempre será mejor que mantener el insulto, la vejación, la rabia enquistada y, al final, el triste desenlace de la sangre y el asesinato.

    Por ello, se ha de estudiar muy detenidamente la elección y no dejarse cegar por los halagos y entusiasmos enamoradizos del principio. Aquel que, olvidó sus palabras de amor o engañó, a la mujer, con falsos requiebros y quemó su amor en el odio y en el desprecio, es mejor separarlo y detenerlo. Hay hábitos y tendencias del carácter que, con la observación, se detectan y muestran los posibles problemas que seguro vendrán. Y, en ese primer momento, que es más fácil y menos doloroso, se debe cortar y marchar cada uno hacia otros horizontes y caminos.  

         La familia está formada por los miembros que conviven en un hogar. El núcleo vital radica en el matrimonio; es el germen natural de la familia que abarca a todos aquellos que, de alguna manera, están ligados con los cónyuges.

En esa unidad matrimonial, nacen los hijos, nuevos ciudadanos que forman y engrosan la sociedad humana. Los padres, en el seno familiar se aprestan a dar la formación humana, intelectual y profesional que los capacite para vivir el respeto, la libertad y la responsabilidad en un clima de amistad, confianza y comunicación.

         La familia ha de proporcionar a los hijos los conocimientos y actitudes que necesitan para ser hombres de bien y los recursos que requieren su crecimiento y desarrollo intelectual y moral.  

         La madre es el principio conformante de la familia, en la que se establece un vínculo tan estrecho y envolvente que varios, padres e hijos, constituyen un "unum", una entidad integral. A. Artous establece que al ser las mujeres las que aportan los elementos constitutivos de la sociedad, disponen de una trascendental capacidad para incidir en los asuntos sociales por su poder reproductor.

          La institución natural del matrimonio constituye el proyecto extraordinario de la unión de vida en común robustecida por el amor. La familia es comunión, solidaridad y participación.  Esta unidad vital enraizada, incrustada en el afecto y el cariño es la familia. Es protección, seguridad y alegría. La familia es abrazo y roce. Imparte comprensión y vive el sufrimiento; y ello juntos, entroncados, insertos en una sola entidad. Lo que afecta a uno, afecta a los demás. Ese cordón umbilical de la inserción por el amor es la fuente generativa que da vida y educa a los hijos.

La unión natural y la comunión de vida robustecen al niño y le proporcionan las defensas que precisa ante las enfurecidas olas de la vida. Sin embargo, en el espacio que respiramos, la introducción de novedades nocivas y las maniobras laicistas y paganas instilan su tendencioso virus destructivo en el matrimonio y la familia. Cervantes en su inmortal "Don Quijote de la Mancha", afirma: "Es razón concluyente que el intentar las cosas de las cuales antes nos puede suceder daño que provecho, es de juicios sin discurso y temerarios" (P. I: Cap. 34). La lección es exacta. Causar el daño y destruir jamás beneficia; es propio de necios e ignorantes. El que dilapida su estructura patrimonial busca veloz su miseria y la de los suyos.   

         La familia es el sostén y fundamento esencial y primario del espacio social. Aquellos que llenos de ignorancia y maldad la minan y destruyen acarrean la debacle a la nación, a la sociedad y se aniquilan a sí mismos. La familia, sustentada en poderosas raíces de paz, amor generoso y sana convivencia es el ramaje floreciente y fructífero, núcleo primario de una fértil ciudadanía engarzada en la colaboración, la caridad y el crecimiento virtuosos de los hijos en virtud del compromiso, de la decisión voluntaria y libre en la responsabilidad del matrimonio.

         Déseme un pueblo rebosante de caridad, servicio y solidaridad y levantaré un edificio social feliz, justo, libre y próspero.

 

EL HIJO PRÓDIGO

             
 
 

Les dijo: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes.

… y, el padre, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo". Pero el padre dijo: … celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado"  (Lc 15,1-32).

 

            El evangelio según San Lucas narra, de modo sublime, el misterio insondable de la bondad infinita de Dios, Padre, en estas tres parábolas de la misericordia, perlas de las parábolas. Ponen la mirada en el valor de la conversión y la reconciliación del hombre con un Dios que "no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (Ez 18,23). Mientras los fariseos y maestros de la ley se mantienen a distancia de los pecadores por fidelidad a la Ley (Ex 23,1; Sal 1,1; 26,5), estos -gentes que no se preocupaban de la pureza «legal» farisaica- acudían a Cristo para oírlo. Por esto, los fariseos y escribas censuran que come y acoge a los pecadores. Las tres parábolas responden a esta acusación. Originariamente, son la respuesta de Cristo a las críticas farisai­cas ante la admisión de «pecadores» en el reino.  

Jesucristo de forma indirecta, argumenta, que su conducta refleja la acción amorosa de Dios mismo. Al "excluirme a mí renunciáis al Dios Verdadero". Jesús se manifiesta testigo excepcional del amor de Dios; lo que los maestros de la ley le critican no es que hable del perdón al pecador arrepentido, ya muchos textos del Antiguo Testamento hablaban del perdón divino. Lo que sorprende radicalmente es la conducta de Jesús, que, en lugar de condenar, como Jonás o Juan Bautista, o exigir sacrificios rituales, para la purificación, como los sacerdotes, come y bebe con los pecadores, los acoge y les abre gratuitamente un horizonte nuevo de vida y de esperanza. Esta es la tesis que hoy inculcan las parábolas; su objetivo primario reside en ilustrar la raíz profunda de la misericordia de un Dios que Jesucristo llama "Padre", y manifiesta.

Las dos primeras parábolas insisten en la alegría que Dios siente cuando un pecador se convierte. En la primera parábola, la oveja descarriada se pierde "fuera" de casa; en la segunda, la moneda se pierde "dentro" de casa. Los de cerca y los de lejos, todos son buscados y, hallados, vienen a Dios. "Todos hemos pecado" (Rom 3,23), dirá San Pablo. Jesús proclama el gozo de un Dios, Padre y Madre, que otea le camino, que sale, espera, busca al hombre y lo abraza a su vuelta a la vida. Aquella oveja y aquella moneda tienen en común el ser objeto del amor inmenso de Dios, que va a los que están perdidos.

          La parábola del hijo pródigo, propia de San Lucas, es una página de las más bellas de la Literatura Universal y de las más profundas en riqueza teológica del Evangelio; incide, con efusión y ternura, en la misericordia de Dios sobre el pecador arrepentido. Todos los elementos muestran la solicitud de Dios por el pecador para perdonarlo. Literariamente es una parábola, aunque con algunos elemen­tos alegorizantes.

El relato sobre el hijo que pide su herencia y se va de la casa, apunta un hecho legal, que permite al hijo ejercer su derecho (Dt 21,15-17). El evangelista no entra en los motivos, ni en la moralidad o legalidad de la petición; se fija en el alocado proceder del hijo y el mal uso de aquella riqueza que, por el "despilfarro y vida libertina", lo llevó a la miseria y, casi, a la muerte. Es un irresponsable que fragua su ruina. Recuérdese que, para el judío, apacentar puercos acarreaba una maldición, por ser animal impuro, lo que acusa más su vida de pecado (Lev 11,7). La parábola señala que vuelve, por cálculo e interés, por comer como los jornaleros de la casa, en ningún caso, muestra un modelo de arrepentimiento, él regresa impelido, no por amor a su padre, ni confesando humildemente sus errores; no describe una conversión, sino la sorprendente y misericordiosa actitud del padre; presenta la magnánima interpretación del padre sobre la vuelta del descarriado, que, cuando reflexiona, vuelve a su padre: "Me pondré en camino, regresaré a casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros".

La figura del padre es el núcleo del texto. El tema central no es «el hijo pródigo», sino el perenne perdón de Dios, Padre y Madre, que ansioso espera e indaga para abrazar siempre. Las palabras del hijo no son las que determinan la conducta del padre. El contraste entre el interés del hijo y el amor ilimitado del padre es de una enorme intensidad. El padre "se conmovió profundamente" (en griego: splangnízomai, "conmoverse las entrañas maternas"). La ternura del padre se origina en el fondo de su corazón. El padre es sólo abrazo, perdón y dulzura; el lector halla un padre fuera de lo común, excepcionalmente misericordioso y excesivamente afectivo y amoroso. Un padre que no espera el grito arrepentido del hijo para correr y besarlo. Y es que la parábola no se detiene en la conducta significativa del hijo, sino que viene a revelar la honda paternidad-maternidad del padre, que se sustenta en una única razón: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado". No le mueve la ofensa recibida, piensa en las consecuencias que soportó su hijo, en la muerte que amenazaba con privarlo de su hijo. Para el padre, importa sólo que el hijo está allí, que lo ha recuperado y que ahora podrá vivir y gozar de él. En realidad, el padre nunca rechazó al hijo, porque la filiación no estaba condicionada a sus méritos. No cuenta el pasado, ni tampoco el futuro; no lo juzga, ni le exige nada a cambio; interesa la vida del hijo. Ahora vive, junto al padre; lejos de él, "se moría de hambre". El versículo: «Cuando estaba lejos, salió su padre, y, compadecido corrió a él», llenándolo de cariño, expresa la alegoría de la providencia misericordiosa de Dios, y Lucas la «moraliza» en los pecadores. El beso es signo de perdón (2 Sam 14,33). El cristiano, por el bautismo, es hecho «hijo» de Dios.

Evidentemente, el «padre» es Dios. El «hijo menor» representa, en la alegoría, a los «publicanos y pecadores», que no se preocupan de la impureza «legal», en esta proyección moralizante de Lucas, dirigida a la gentilidad, al pecador. Y el «hijo mayor», a los «justos que, humanamente, no quieren entender los misterios de la misericordia divina» y, aquí, se incluye a los cristianos; aquellos que, personificados en el «hijo mayor», llegan a protestar de la acogida bondadosa de Dios al pecador. Es preciso captar que se trata de un rasgo pedagógico, para resaltar más los designios de Dios en la historia humana.

         La parábola concluye haciendo alusión al "hijo mayor", que ha de optar por aceptar la decisión misericordiosa del padre o rechazarla. No le gusta esa fiesta. Su único punto de referencia es su conducta; habla de vida ejemplar, de fidelidad, pero se expresa herido y contrariado. Se tiene por justo y merecedor de todo, piensa en cuestión de retribución y de justicia, no en clave de cercanía al padre, de amor recíproco, de gratuidad. Representa a los escribas y fariseos que daban gracias porque "no eran como los demás", se resiste a entrar y celebrar. El padre, sin embargo, "sale y trata de convencerlo". Busca al mayor como había esperado al menor. No lo rechaza y lo invita a superar la lógica de la retribución, a no interpretar su existencia en sentido de remuneración y sueldo. El padre de la parábola lo da todo, sin medida, sin cálculo alguno. Ser padre es dar, entregar, compartir todo con sus hijos. Y respeta también al mayor, como no obligó al menor a quedarse en casa, tampoco obliga a este a entrar y participar de la fiesta.

La parábola expone una historia universal, aplicable a todos, que rezuma bondad e inmenso amor. Exhorta a revestirse del amor del Padre; a los alejados, a regresar a la casa paterna; a los orgullosos y pagados de sí mismos que juzgan a los demás, a entrar para vivir el gozo del amor del Padre, y a impartir el perdón ofrecido gratuitamente a todos. No se sabe qué hicieron después los dos hermanos. Pero, sí, se hace totalmente expresa la vida de amor del padre, su inmensurable misericordia. Sabemos que Dios es Nuestro Padre y Madre amantísimo.  

 

                                   Camilo Valverde Mudarra

Abortos selectivos de niñas: genocidio silencioso

 

ROMA, miércoles, 26 septiembre 2007 ( ZENIT.org).- Se dan temores de una crisis demográfica en la India, donde durante años el aborto de niñas ha alterado seriamente el equilibrio de la población.

Irónicamente, una de las últimas advertencias ha venido de Ena Singh, una representante del Fondo de Población de Naciones Unidas, institución responsable de la promoción del aborto.

Singh declaró a la agencia de noticias Reuters, en un reportaje publicado el 31 de agosto, que la falta de mujeres podría llevar a un aumento de la violencia sexual y de los abusos infantiles. Según las Naciones Unidas, se estima que, de forma ilegal, cada día se abortan en la India unas 2.000 niñas.

Anteriormente ya se había dado una estimación más alta del número de niñas peritadas, cuando el UNICEF presentó en la India su informe «Situación de los Niños del Mundo 2007». Según el artículo publicado el 12 de diciembre por Reuters, los responsables de UNICEF afirmaron que en la India nacen 7.000 niñas menos cada día en comparación con la media mundial.

En su reportaje del 31 de agosto, Reuters observaba que un censo del 2001 mostraba que regiones como el Punjab, Gujarat y Himachal tenían menos de 800 niñas por cada 1.000 niños. Según Singh, la situación está empeorando, puesto que los abortos selectivos por razón de sexo se han extendido a más regiones. Las estadísticas muestran que en el 2001, había en la India 927 niñas de edades entre 0 y 6 años por cada 1.000 niños de la misma edad, en comparación con las 945 que había en 1991.

El gobierno indio, informaba Reuters, admite que cerca de 10 millones de niñas han sido asesinadas por sus padres – antes o inmediatamente después de nacer – en los últimos 20 años.

Un reportaje anterior de Reuters, el 21 de agosto, examinaba la utilización de técnicas como los ultrasonidos y la amniocentesis para saber el sexo del feto, facilitando así el aborto de las niñas. La utilización de estas técnicas para la selección del sexo es ilegal, pero su práctica está ampliamente extendida.

Desde 1996 hay leyes en vigor que prohíben las pruebas para determinar el sexo del feto. No obstante, de 400 casos encausados por las autoridades sólo ha habido dos condenas, una con una multa de 300 rupias (7 dólares) y otra con 4.000 rupias (98 dólares).

Fetos tirados
El descubrimiento en un campo de la ciudad de Nayagarh, en el este de la India, de más de 40 fetos de niñas ha aportado más evidencias sobre la enormidad del problema, informaba el 28 de julio el periódico británico Guardian. Santish Mishra, un responsable de sanidad, estimaba que los fetos fueron abortados a los cinco meses de gestación.

El artículo también informaba de que en junio había sido arrestado un médico en Nueva Delhi tras el hallazgo de bebés abortados en una fosa séptica de su consulta. Otro caso tuvo lugar en febrero de este año, cuando la policía encontró los restos de 15 niños enterrados en el jardín trasero de un hospital del estado central de Madhya Pradesh.

También en febrero cerca de 400 huesos de fetos y recién nacidos fueron descubiertos en una fosa tras el hospital de la ciudad de Bhopal, informaba el 18 de febrero Associated Press.

Como reacción a este y a otros descubrimientos, el gobierno indio anunció que establecería orfanatos para aceptar a las niñas no queridas, según Associated Press. La agencia citaba una declaración de Renuka Chowdhury, ministro de estado para el desarrollo femenino e infantil, que afirmaba que el gobierno planeaba instalar un centro en cada distrito regional.

Un negocio lucrativo
El 21 de abril el Wall Street Journal examinaba el problema en un artículo en primera página. Informaba de que compañías como General Electric habían vendido tantas máquinas de ultrasonidos en la India que ahora las pruebas estaban disponibles incluso en pequeñas aldeas que no tienen agua potable ni carreteras decentes. Las pruebas cuestan unos 8 dólares, el equivalente al salario de una semana.

V. Raja, director ejecutivo de la división de sanidad de General Electric para el Sur de Asia, citado por el Wall Street Journal, decía que la compañía insiste en que las máquinas no se usen para la determinar el sexo. No obstante, el artículo también citaba a un obstetra de Nueva Delhi, Puneet Bedi, que acusaba a las empresas de explotar el querer tener un niño vendiendo máquinas de ultrasonidos.

General Electric vende cerca de 15 modelos diferentes, desde máquinas que cuestan 100.000 dólares y ofrecen sofisticadas imágenes en color hasta escáneres básicos en blanco y negro por unos 7.500 dólares. Tiene también acuerdos con los bancos para ayudar a los médicos a financiar la compra de sus máquinas.

El artículo citaba datos de todas las compañías de las ventas anuales de estas máquinas en la India, lo que revelaba un negocio de 77 millones de dólares en 2006, un 10% más que el año anterior. Existen más de 30.000 clínicas con ultrasonidos registradas por el gobierno de
la India.

Preocupación en China
China es otro país donde la proporción de sexos se encuentra gravemente desequilibrada debido al aborto selectivo de fetos femeninos. El gobierno anunció recientemente que pondría en vigor nuevas leyes para aumentar las penas a los padres y médicos responsables de asesinar niñas, informaba el 25 de agosto
la BBC.

La Asociación para la Planificación Familiar de China admitía que el desequilibrio ha alcanzado el punto de que en una ciudad hay ocho chicos por cada cinco chicas, según, la BBC. Entre los niños de menos de 4 años de la ciudad de Lianyungang hay 163,5 chicos por cada 100 chicas. En el resto de China, 99 ciudades tienen una proporción mayor de 125 chicos por cada 100 chicas.

Un profesor de Psicología Evolutiva en la Universidad de Liverpool, comentaba el problema en un artículo publicado el 8 de septiembre en el periódico Scotsman. Decía que las estimaciones actuales colocan en 18 millones el exceso de número de hombres con respecto a las mujeres en edad de casarse en China. La previsión es que este exceso alcance los 37 millones en el 2020.

«Chicos sin chicas representan, como poco, una amenaza», afirmaba Dunbar, refiriéndose a los problemas sociales que esto causa. Estos van desde abusos de mujeres, a violaciones, y un incremento en el número de crímenes.

Los abortos selectivos por razones de sexo no se limitan a China y a la India. En Gran Bretaña, a principios de este, suscita preocupación una prueba que permite a los padres determinar el sexo de los bebés no nacidos incluso en la sexta semana de gestación.

Un reportaje el 5 de mayo en el periódico británico Telegraph afirmaba que las pruebas «rosa o azul» se lleva a cabo analizando una gota de sangre de la mujer embarazada. Según la empresa que lo vende, DNA Worlwide, que forma parte del grupo americano Consumer Genetics, la prueba tiene una exactitud del 98%.

Despreocupación
«Con nuestra despreocupada actitud hacia los abortos en las primeras etapas, creemos que es inevitable que el número de abortos aumente», declaraba al Telegraph Julia Millington, de la Prolife Alliance.

En Gran Bretaña, según el periódico, el sexo de los bebés no nacidos suele determinarse durante un examen en la vigésima semana de gestación. Algunas autoridades sanitarias han impedido que se diga a los padres el sexo de su hijo por temor a decir el sexo que no quieren, observaba el artículo.

Las millones de muertes por los abortos selectivos en base al sexo, con más que vendrán, han sido ignoradas por los grupos de planificación familiar y por las agencias de la ONU. Incluso aunque el tema fue suscitado por UNICEF, el lanzamiento de su informe «Situación de los Niños del Mundo 2007» ha recibido poca cobertura de los medios.

Aunque el informe de UNICEF, de 160 páginas, estaba dedicado al tema de la «discriminación de género» que sufren mujeres y niñas, sólo se dedicaban 102 palabras al tema del feticidio y el infanticidio. Asombrosamente, incluso entonces se minimizaba el problema, puesto que UNICEF alegaba que «no hay evidencias concluyentes» del uso erróneo de los instrumentos de diagnóstico para determinar el sexo del feto.

Por el padre John Flynn, L. C


jueves 27 de septiembre de 2007

Benedicto XVI y la mujer

Es imposible e inútil el querer imaginar una Iglesia sin la
aportación femenina

"Por desgracia somos herederos de una historia de enormes
condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han
hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad,
olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso
reducida a esclavitud. Esto le ha impedido ser profundamente ella
misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas
espirituales. No sería ciertamente fácil señalar responsabilidades
precisas, considerando la fuerza de las sedimentaciones culturales
que, a lo largo de los siglos, han plasmado mentalidades e
instituciones. Pero si en esto no han faltado, especialmente en
determinados contextos históricos, responsabilidades objetivas
incluso en no pocos hijos de la Iglesia, lo siento sinceramente".
Con esta sensibilidad, con esta afirmación se expresaba Juan Pablo
II en la carta que en 1995 escribió a las mujeres.

Es imposible e inútil el querer imaginar una Iglesia sin la
aportación femenina. Tan sin sentido que jamás un buen cristiano
podrá esconderla y, mucho menos, negarla. En la homilía del viernes
santo pasado ante la curia romana y el Santo Padre, el predicador de
la casa pontificia, P. Rainero Cantalamesa, ha recordado que las
mujeres son la esperanza de un mundo más humano, que nuestra
civilización "tiene necesidad de un corazón para que el hombre pueda
sobrevivir en ella sin deshumanizarse del todo"; de ahí que deba
darse "más espacio a las razones del corazón" para evitar otra "era
glacial" pues hoy se constata la avidez de aumentar el conocimiento
pero muy poca la de aumentar la capacidad de amar, y ello tiene su
explicación: "el conocimiento se traduce automáticamente en poder,
el amor en servicio".

Es un hecho. De un tiempo para acá, los Papas han sabido ir
incardinando las aptitudes de la mujer en varios dicasterios y
organismos de la vida de la Iglesia. Con Juan Pablo II se acentuó un
periodo, si cabe decirlo así, fecundo de acercamiento y exaltación
de los dones, valores, virtudes y vocación propias de la mujer; una
valoración que ha ayudado a ver desde otra perspectiva, tanto a
hombres como a mujeres, eclesiásticos o no, la participación de
éstas en la vida de la Iglesia y el mundo.

Benedicto XVI ha seguido lúcidamente en esta línea. Como cardenal
estuvo encargado de presentar, el 30 de septiembre de 1988, la carta
apostólica que Juan Pablo II dedicara a las mujeres (La dignidad de
la mujer ). Como prefecto de la congregación para la doctrina de la
fe, el 31 de julio de 2004, regaló al mundo aquel hermoso documento,
la "Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración
del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo", que vino
revitalizar los documentos pontificios anteriormente aparecidos
sobre el tema y a refrescar la importancia de la feminidad dentro de
la Iglesia, en el mundo, y la necesidad de que la vocación natural,
los dones y aptitudes de la mujer fuesen valorados por el varón y
los de éste por ella. Ahora como Papa, las palabras de afecto y
reconocimiento hacia la mujer no han sido menores pese a que muchos
se empeñen en tratar de hacer ver lo contrario.

1. Gestos y manifestaciones

En febrero pasado, durante la audiencia general, el Papa centró
laudatoriamente la atención en las numerosas figuras femeninas
que "desempeñaron un papel efectivo y valioso en la difusión del
Evangelio" subrayando que "no se puede olvidar su testimonio". Con
esa catequesis se evidenciaba aún más la trayectoria de
reconocimiento público que Benedicto XVI ha venido siguiendo en
comentarios puntuales hechos a través de entrevistas, homilías y
discursos; una trayectoria que recoge, expone y valora el gran
servicio y la aportación peculiar que la mujer ha prestado a la
Iglesia y al mundo reivindicando su protagonismo activo en el ámbito
de las comunidades cristianas primitivas y a lo largo de la historia
del cristianismo. En esos comentarios también ha recordado clara y
amorosamente el papel valiosísimo, aunque no ministerial, que la
mujer desarrolla en nuestra actualidad dentro de la Iglesia.

Un noble gesto a considerar ha sido el reciente reconocimiento que
Benedicto XVI, a través del presidente del Consejo Pontificio para
los laicos, el arzobispo Stanislaw Rilko, ha concedido a la Unión
Mundial de Organizaciones de Mujeres católicas (UMOFC), fundada en
1910, al otorgarles el estatuto de asociación pública internacional
de fieles; una declaración que, en palabras de la presidenta
general, Karen Hurley, significa que se "honra los incansables
esfuerzos de millones de mujeres fieles católicas activas en nuestra
unión a nivel parroquial, diocesano, nacional e internacional".

2. Maternidad como vocación de primer orden y máxima importancia

Quizá uno de los temas a los que, en el amplio campo de la mujer,
más referencia y énfasis ha hecho el Santo Padre, ha sido el de la
maternidad. Las palabras que al respecto a pronunciado no se han
limitado a la denuncia actual ante la creciente escasez de
candidatas a desempeñar su natural vocación de madres y educadoras;
ante todo, ha manifestado el aprecio personal y el valor de la
maternidad en sí misma, pero no todo ha quedado ahí. El Papa se sabe
hijo y lo que ello entraña, por ello ha agradecido a las madres el
don de sí mismas, el estar abiertas a la vida.
A un párroco romano que le pidió unas palabras de aliento para
las "mamás", el Papa dijo: "Decidles simplemente: el Papa os da las
gracias. Os expresa su gratitud porque habéis dado la vida, porque
queréis ayudar a esta vida que crece y así queréis construir un
mundo humano, contribuyendo a un futuro humano. Y no lo hacéis sólo
dando la vida biológica, sino también comunicando el centro de la
vida, dando a conocer a Jesús, introduciendo a vuestros hijos en el
conocimiento de Jesús, en la amistad con Jesús. Este es el
fundamento de toda catequesis. Por consiguiente, es preciso dar las
gracias a las madres por, sobre todo porque han tenido la valentía
de dar la vida. Y es necesario pedir a las madres que completen ese
dar la vida comunicando la amistad con Jesús".
Tiempo antes había ponderado el papel de la maternidad a propósito
de la festividad litúrgica de santa Mónica exaltando cómo ella había
vivido "de manera ejemplar su misión de esposa y madre ayudando a su
marido Patricio a descubrir la belleza de la fe en Cristo y la
fuerza del amor evangélico, capaz de vencer el mal con el bien".
Benedicto XVI no se ha detenido a recordar obligaciones sino en
hacer notar la belleza que hay detrás de la vocación de madre y,
consecuentemente, de educadora; ante la exposición reaccionaria de
ciertos grupos que se oponen a la realización de la mujer en el
hogar, la familia, el matrimonio, la maternidad, el Papa ha hecho
ver con delicadeza y afecto de padre y pastor cuán lejos está la
mujer que no corresponde a su misión natural.

3. Sacerdocio y la aportación de la mujer en la Iglesia

Hoy por hoy es más visible la participación de la mujer en
organismos vaticanos. Es verdad que Benedicto XVI, hasta el momento,
no ha realizado nombramientos al respecto sino que más bien ha
mantenido en pie los ya realizados por Juan Pablo II (entre otros,
el de la religiosa salesiana, sor Enrica Rosanna, subsecretaria para
la congregación de los institutos de vida consagrada y sociedades de
vida apostólica, y el de la doctora Mary Ann Glendon, presidenta de
la Pontificia Academia de Ciencias Sociales). Pero no todo ha
quedado ahí. Para el sínodo sobre la Eucaristía de octubre de 2005,
Benedicto XVI convocó a una docena de auditoras para participar en
el mismo: desde la ex embajadora de Filipinas ante la Santa Sede,
Enrietta Tambunting de Villa, hasta una fundadora, miembros seglares
de movimientos eclesiales y, por supuesto, religiosas de distintas
congregaciones.

Propiamente hablando no se puede hacer referencia a una doctrina
pontificia sobre la mujer. Ni el actual ni el pontificado anterior
la tuvo. Y es que la feminidad no es doctrina de un Papa sino
riqueza de la Iglesia entera. Con los documentos que sacó Juan Pablo
II, el pontífice no hizo más que evidenciar lo que la Iglesia ha
creído y defendido sobre la mujer apoyada en el principio paulino
según el cual para los bautizados "ya no hay judío ni griego; ni
esclavo ni libre; ni hombre ni mujer". El motivo es que "todos somos
uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3, 28), "es decir, todos tenemos la
misma dignidad de fondo, aunque cada uno con funciones específicas".
Es a la luz de esas funciones específicas que se debe captar la
respuesta expresada a modo de negativa para el acceso de la mujer a
las órdenes Sagradas. Y es que la Iglesia no se puede entender al
modo democrático y meramente político. El que muchos quieran una
aportación más clara y visible de la mujer en puestos de mayor
responsabilidad parece inquietud justa entendida al modo meramente
humano de paridad de oportunidades, pero no es así. "Como sabemos,
el ministerio sacerdotal, procedente del Señor, está reservado a los
varones, en cuanto que el ministerio sacerdotal es el gobierno en el
sentido profundo, pues, en definitiva, es el Sacramento el que
gobierna la Iglesia. Este es el punto decisivo. No es el hombre
quien hace algo, sino que es el sacerdote fiel a su misión el que
gobierna, en el sentido de que es el Sacramento, es decir, Cristo
mismo mediante el Sacramento, quien gobierna, tanto a través de la
Eucaristía como a través de los demás Sacramentos, y así siempre es
Cristo quien preside".
Y es que el sacerdocio se ha llegado a interpretar como un derecho,
cuando es un servicio propio del varón con vocación a servir como
presbítero. Interrogado sobre el tema de la aportación clara y
visible de la mujer en la Iglesia, el Santo Padre declaró a los
periodistas de Radio Vaticano y cuatro cadenas alemanas (Bayerischer
Rundfunk, ARD, ZDF y la Deutsche Welle): "…no hay que pensar que en
la Iglesia la única posibilidad de desempeñar un papel importante es
la de ser sacerdote. En la historia de la Iglesia hay muchísimas
tareas y funciones. Basta recordar las hermanas de los Padre de la
Iglesia, y la Edad Media, cuando grandes mujeres desempeñaron un
papel muy decisivo, y también en la época moderna. Pensemos en
Hildegarda de Bingen, que protestaba enérgicamente ante los obispos
y el Papa; en Catalina de Siena y en Brígida de Suecia. También en
los tiempos modernos las mujeres deben buscar siempre de nuevo -y
nosotros con ellas- el lugar que les corresponde. Hoy están muy
presentes en los dicasterios de la Santa Sede. Pero existe un
problema jurídico: el de la jurisdicción, es decir, el hecho de que,
según el derecho canónico, la facultad de tomar decisiones
jurídicamente vinculantes va unida al Orden Sagrado".
Encontrar el lugar que les corresponda significa para el Papa que
tienen un lugar; partiendo de ahí ahora hay que reencontrarlo o
toparse con él por vez primera. No se trata de buscar nuevos lugares
sino de retomar los que ya existen. Al decir "nosotros con ellas"
está significando que para determinar si realmente el lugar
reencontrado es efectivamente tal, debe contar con la confirmación
de la autoridad respectiva.

En marzo de 2006, un joven sacerdote preguntó al Papa: "¿Por qué no
hacer que la mujer colabore en el gobierno de la Iglesia? Convendría
promover el papel de la mujer también en el ámbito institucional y
ver que su punto de vista es diverso del masculino". La prensa
mundial hizo grande eco de la pregunta y poco caso y publicidad a la
respuesta. El Papa respondió con ternura y profundidad: "Siempre me
causa gran impresión, en el primer Canon, el Canon Romano, la
oración especial por los sacerdotes. En esta humildad realista de
los sacerdotes, nosotros, precisamente como pecadores, pedimos al
Señor que nos ayude a ser sus siervos. En esta oración por el
sacerdote, y sólo en esta, aparecen siete mujeres rodeando al
sacerdote. Se presentan precisamente como las mujeres creyentes que
nos ayudan en nuestro camino. Ciertamente, cada uno lo ha
experimentado. Así, la Iglesia tiene una gran deuda de gratitud con
respecto a las mujeres (…) Las mujeres hacen mucho por el gobierno
de la Iglesia, comenzando por la religiosas, por las hermanas de los
grandes Padres de la Iglesia, como san Ambrosio, hasta las grandes
mujeres de la Edad Media: santa Hildegarda, santa Catalina de Siena,
santa Teresa de Ávila; y recientemente madre Teresa. (…) como
sabemos, el ministerio sacerdotal, procedente del Señor, está
reservado a los varones, en cuanto que el ministerio sacerdotal es
el gobierno en el sentido profundo, pues, en definitiva, es el
Sacramento el que gobierna la Iglesia. Este es el punto decisivo. No
es el hombre quien hace algo, sino que es el sacerdote fiel a su
misión el que gobierna, en el sentido de que es el Sacramento, es
decir, Cristo mismo mediante el Sacramento, quien gobierna, tanto a
través de la Eucaristía como a través de los demás Sacramentos, y
así siempre es Cristo quien preside[1] <#_ftn1> ". No es el hombre
quien gobierna, ¡es el sacramento! Por tanto no cabe hablar de
discriminación. Es Cristo en definitiva quien gobierna.
El actual Pontífice se ha mostrado sabio y delicado a la hora de
aclamar la figura de la mujer así como en los momentos en los que ha
recordado cuál no es su función y los motivos de ello. Bien puede
pensarse que lleva en la mente aquel sentido agradecimiento que con
motivo de la IV Conferencia Mundial sobre la mujer en Pekín redactó
Juan Pablo II a modo de carta.

4. Agradecimiento a las mujeres

Benedicto XVI no cesará de reivindicar la riqueza del genio
femenino. Ya lo ha hecho y, qué duda cabe, lo seguirá haciendo. El
reflejo de esas manifestaciones comienza a dejarse sentir en muchos
otros ámbitos de la Iglesia. Cómo no traer a cuento aquellas
palabras de gratitud pensadas, escritas y pronunciadas por aquel
gran poeta y Papa, Juan Pablo II, que hayan eco en su predecesor:

"Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser
humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia
única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la
luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento,
punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino
al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al
servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija y mujer-hermana, que aportas al núcleo
familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu
sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los
ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y
política, mediante la indispensable aportación que das a la
elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a
una concepción de la vida siempre abierta al sentido del «
misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas
más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de
las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con
docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a
toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que
expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su
criatura.

Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la
intuición propia de tu feminidad enriqueces la comprensión del mundo
y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas".

viernes 21 de septiembre de 2007

DIOS, PADRE

                            Camilo Valverde Mudarra

 

Jesucristo, que reza con frecuencia, quiere enseñar a orar y aconseja: "Rezad así: Padre Nuestro..." (Mt 6,9). La relación con Dios ha de entrañar la familiaridad y la confianza de hijos. Dios es nuestro padre, porque Él nos ha dado el ser y el existir, porque de Él procede todo bien (2 Cor 5,18}, el don de la nueva vida en Cristo (Rom 8,15): "la gracia y el don de la .justicia" (Rom 5,17); el don de la fe, garantía de nuestra salvación (Ef 2,8). "Todo don perfecto y todo don excelente viene de lo alto, del padre de las luces. El nos ha engendrado" (Sant 1,17-18). Pero, al mismo tiempo, debemos relacionarnos con Él con el debi­do respeto y nunca con miedo, porque es padre. A Dios no hay que temerlo, hay que amarlo.

El llamar padre a Dios, es el acto de reconocimiento de que es la fuente de la vida, el poder supremo, la misericordia infinita; que vamos a Él y le hablamos con amor y con respeto. La palabra "padre" expresa, por sí misma, el amor, y, referida a Dios, un amor infinito a los hom­bres, manifiesto en la generosa entrega de su Hijo Único por la salvación del mundo (1 Jn 4,1 l). Y, como es Padre lleno de bondades, satisface nuestros deseos, aguanta nuestras impertinencias y comprende nues­tras debilidades y tropiezos:

 

"En siendo padre, nos ha de sufrir, por graves que sean las ofensas, si nos tornamos a él, como el hijo pródigo, hanos de perdonar, hanos de consolar..., hanos de regalar, hanos de sustentar" (Santa Teresa C 44,1)

 

Por nuestra parte, al atrevernos a llamarle padre, nos compromete­mos a portarnos como hijos:

 

"Con toda humildad hablarle corno Padre, pedirle como Padre, regalarse con él como con Padre" (Santa Teresa C 46,2}

 

Así procedía San Pablo, con toda familiaridad llena de confianza, de amor y de respeto. Le tiene tan presente en su vida, que todas sus; cartas las comienza saludando a sus destinatarios con el augurio de la gracia y la paz de parte "de Dios, nuestro Padre"

 

1. Oración de hijos

 

Jesucristo, siempre que rezaba, invocaba al Padre, expresando su filiación: Padre, pase de mí este cáliz (Mt 26,39). Padre, yo te alabo (Lc 10,21). Padre, perdónalos (Lc 23,34). Padre, te doy las gracias (Jn 11,41).

            El Verbo Encarnado es el Nombre del Hijo en su relación con el Padre, como lo indica S. Juan:

 

                        "Padre, glorifica tu nombre" (Jn 12,28). "Padre, glorifica a tu Hijo" Jn 17,1).

 

El texto de Juan 1,14 podría traducirse así: "El Nombre se hizo carne y habitó con nosotros". La misión reveladora de. Jesucristo consiste fundamen­talmente en la manifestación del nombre del Padre: "He manifestado tu nombre a los hombres (Jn 17,6) con lo que Jesús revela que Dios es Padre. Tal manifestación de Jesucristo tiene un sentido ge­neracional y eterno (el Hijo) y, a la vez, regeneracional en el tiempo (los hijos).

Pedir en nombre de Jesucristo significa dirigirnos a Dios como a un Padre, pedirle en su calidad de Padre, que indica la idea de su be­nevolencia y la seguridad de alcanzar lo que se pide, pues:

 

                        "¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?` (Lc 11,11).

 

Jesucristo, al enseñar a orar llamando a Dios Padre, quiere que dirijamos la oración desde la confianza filial. Por eso, exhorta reiteradamente con es­tas palabras:

 

"Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá (Jn 16,23). "Hasta ahora no habéis pedido en mi nombre" (Jn 16,24).

 

Siendo Dios nuestro Padre, tiene la obligación de atendernos y noso­tros el derecho a ser atendidos. Es verdad que el hombre ante Dios nunca puede exigir derechos, pero, si Él, por puro amor, ha querido ser nuestro Padre y hacernos hijos suyos, no estamos faltos de razón al esperar confiadamente lo que le pedimos.

Hasta ahora no se había pedido de este modo, porque la paternidad de Dios era un secreto escondido. Pero después de la revelación de Jesucristo, hay que acudir a Él, como se va a un padre. No se trata de pedir a Dios en nombre de Jesucristo, apoyándonos en sus pala­bras, poniéndole a Él por intermediario, acudiendo a sus méritos, sino de pedir directamente al Padre, sin la intercesión de Jesucristo. El Hi­jo sube al Padre y el Hijo es el nombre del Padre. Pedir en el nombre del Hijo es pedir directamente al Padre.

 

REGAZO DELEITABLE

 

 

 

Alégrate, llena de gracia,

 el Señor es contigo (Lc 1,34).

 

Madre es palabra santa y perdurable

de luz firme y tenaz seguridad;

madre es abnegación, fidelidad,

que da refugio y puerto confortable.

 

Caricia cierta y beso inmensurable

es su dulce equilibrio y probidad;

brinda siempre contento y suavidad,

sacrificio y regazo deleitable.  

 

Madre quiere decir desprendimiento,

aroma de jazmín, fragancia y miel,

tenue solaz de seno providente.

 

Su voz abre consejo y valimiento;

sus halagos derrochan mimo fiel,

                    su cobijo y sostén, amor ardiente. 

DIOS, PADRE

                          Camilo Valverde Mudarra

 

Jesucristo, que reza con frecuencia, quiere enseñar a orar y aconseja: "Rezad así: Padre Nuestro..." (Mt 6,9). La relación con Dios ha de entrañar la familiaridad y la confianza de hijos. Dios es nuestro padre, porque Él nos ha dado el ser y el existir, porque de Él procede todo bien (2 Cor 5,18}, el don de la nueva vida en Cristo (Rom 8,15): "la gracia y el don de la .justicia" (Rom 5,17); el don de la fe, garantía de nuestra salvación (Ef 2,8). "Todo don perfecto y todo don excelente viene de lo alto, del padre de las luces. El nos ha engendrado" (Sant 1,17-18). Pero, al mismo tiempo, debemos relacionarnos con Él con el debi­do respeto y nunca con miedo, porque es padre. A Dios no hay que temerlo, hay que amarlo.

El llamar padre a Dios, es el acto de reconocimiento de que es la fuente de la vida, el poder supremo, la misericordia infinita; que vamos a Él y le hablamos con amor y con respeto. La palabra "padre" expresa, por sí misma, el amor, y, referida a Dios, un amor infinito a los hom­bres, manifiesto en la generosa entrega de su Hijo Único por la salvación del mundo (1 Jn 4,1 l). Y, como es Padre lleno de bondades, satisface nuestros deseos, aguanta nuestras impertinencias y comprende nues­tras debilidades y tropiezos:

 

"En siendo padre, nos ha de sufrir, por graves que sean las ofensas, si nos tornamos a él, como el hijo pródigo, hanos de perdonar, hanos de consolar..., hanos de regalar, hanos de sustentar" (Santa Teresa C 44,1)

 

Por nuestra parte, al atrevernos a llamarle padre, nos compromete­mos a portarnos como hijos:

 

"Con toda humildad hablarle corno Padre, pedirle como Padre, regalarse con él como con Padre" (Santa Teresa C 46,2}

 

Así procedía San Pablo, con toda familiaridad llena de confianza, de amor y de respeto. Le tiene tan presente en su vida, que todas sus; cartas las comienza saludando a sus destinatarios con el augurio de la gracia y la paz de parte "de Dios, nuestro Padre"

 

1. Oración de hijos

 

Jesucristo, siempre que rezaba, invocaba al Padre, expresando su filiación: Padre, pase de mí este cáliz (Mt 26,39). Padre, yo te alabo (Lc 10,21). Padre, perdónalos (Lc 23,34). Padre, te doy las gracias (Jn 11,41).

            El Verbo Encarnado es el Nombre del Hijo en su relación con el Padre, como lo indica S. Juan:

 

                        "Padre, glorifica tu nombre" (Jn 12,28). "Padre, glorifica a tu Hijo" Jn 17,1).

 

El texto de Juan 1,14 podría traducirse así: "El Nombre se hizo carne y habitó con nosotros". La misión reveladora de. Jesucristo consiste fundamen­talmente en la manifestación del nombre del Padre: "He manifestado tu nombre a los hombres (Jn 17,6) con lo que Jesús revela que Dios es Padre. Tal manifestación de Jesucristo tiene un sentido ge­neracional y eterno (el Hijo) y, a la vez, regeneracional en el tiempo (los hijos).

Pedir en nombre de Jesucristo significa dirigirnos a Dios como a un Padre, pedirle en su calidad de Padre, que indica la idea de su be­nevolencia y la seguridad de alcanzar lo que se pide, pues:

 

                        "¿Qué padre, entre vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?` (Lc 11,11).

 

Jesucristo, al enseñar a orar llamando a Dios Padre, quiere que dirijamos la oración desde la confianza filial. Por eso, exhorta reiteradamente con es­tas palabras:

 

"Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá (Jn 16,23). "Hasta ahora no habéis pedido en mi nombre" (Jn 16,24).

 

Siendo Dios nuestro Padre, tiene la obligación de atendernos y noso­tros el derecho a ser atendidos. Es verdad que el hombre ante Dios nunca puede exigir derechos, pero, si Él, por puro amor, ha querido ser nuestro Padre y hacernos hijos suyos, no estamos faltos de razón al esperar confiadamente lo que le pedimos.

Hasta ahora no se había pedido de este modo, porque la paternidad de Dios era un secreto escondido. Pero después de la revelación de Jesucristo, hay que acudir a Él, como se va a un padre. No se trata de pedir a Dios en nombre de Jesucristo, apoyándonos en sus pala­bras, poniéndole a Él por intermediario, acudiendo a sus méritos, sino de pedir directamente al Padre, sin la intercesión de Jesucristo. El Hi­jo sube al Padre y el Hijo es el nombre del Padre. Pedir en el nombre del Hijo es pedir directamente al Padre.

 

miércoles 19 de septiembre de 2007

LA LIBERTAD CRISTIANA


San Pablo es el Apóstol de la libertad cristiana; repite que, merced a la obra de Cristo, hemos sido liberados, no sólo del pecado y de la muerte (3,13; Rom 6,1-11; 8,2-4; 2 Cor 5,2), sino también de la Ley (3,23-25; 5,1-4; Rom 7,4-6; Ef 2,14). Con frecuencia, aplica Pablo la idea de «libres», a los cristianos (Gál 2,4; 4,31; 5,1.13; Rom 6,18; 1 Cor 7,22; 2 Cor 3,7), y también los otros autores neotestamentarios (cf. Jn 8,32-36; 1 Pe 2,6; San 2,25). Proclama abiertamente que hemos sido rescatados de la esclavitud de la ley y constituidos hijos de Dios (Gál 4,1-9). La salvación en Cristo, al hacernos hombres nuevos, nos hace también hombres libres. Y, objetivamente, ésta, no hay otras, es la única y auténtica libertad: la que Cristo nos ha traído. De modo que, la libertad es el principio regulador de toda conducta humana.

En Gálatas, cap. 5, a modo de resumen, anuncia sin ambages nuestro estatuto de hombres libres en Cristo y por Cristo: "Para ser libres nos libertó Cristo... porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad" (Gál 5,1.13). No parece referirse únicamente a la ley mosaica en su aspecto ritual y ceremonial, sino a todo tipo de ley, incluso en su perspectiva moral, siempre que esa ley actúe como un agente esclavizante.

Por libertad, no entiende aquí San Pablo el "libre albedrío" ni proclama una patente de libertinaje. El hombre "libre", para él, es el hombre en Cristo, el hombre espíritu en oposición al hombre carne. Hombre libre es el que ha recibido la gracia y puede superar las grandes alienaciones del pecado y de la muerte, esto es, todo aquello que puede separarlo de Dios.

En el pensamiento de San Pablo y en la Sagrada Escritu­ra, en general no se trata de «una libertad» que dé al hombre la autonomía personal (cf. Gál 5,13), pretensión orgullosa del pecador ya desde la escena del paraíso. El Apóstol habla de «ley de Cristo» (6,2; 1 Cor 9,21) y que los cristianos somos «siervos» de Cristo (1,10; Rom 6,18; 2 Cor 7,22; Ef 6,6; Col 4,12) y de Dios (2 Tes 1,9; Rom 6,22) y de unos con otros (6,6; Rom 13,8). La «libertad» de que habla Pablo es liberación frente al pecado y a todo lo que le sirve de instrumento, incluida la Ley; por eso, hablará de «muerte-pecado­-carne-ley-elementos del mundo...», como de falsos dueños que se habían apoderado del hombre (3,22-23; 4,8-9; Rom 3,9; 6,14-20; 7,6.23; 1 Cor 6,13; 15,56; Col 2,8) y de cuya servidumbre nos liberó Cristo ( 3,4; 3,13; Rom 6,18; 8,2; Col 2,20), pasándonos a la condición de «hijos» (4,5-7; Rom 8,14). En el fondo, «libertad» cristiana y «filiación» divina son sinónimos para Pablo.

Sabido es que para el mundo griego y romano de entonces el término «libertad» designaba sobre todo una realidad social, es la libertad de los hombres que podían disponer de sí mismos, en contraposición a los esclavos. Pues bien, Pablo no se refiere a esa «libertad», sino a una realidad teológica que trasciende las estructuras sociales humanas, siendo accesible incluso para los que se encontraban en la dura condición de esclavos (cf. 1 Cor 7,20-22), a los cuales seguirá recomendando que obedezcan a sus amos, pero que lo hagan desde el Evangelio, como cristianos, es decir, «no sirviendo al ojo, como buscando agradar al hombre, sino como siervos de Cristo, que cumplen de corazón la voluntad de Dios» (Ef 6,5-8; Col 3,22-24; 1 Tim 6,1-2; Tit 2,9-10). Da la impre­sión de que la ética social, no entraba de modo directo en los planes y preocupaciones de Pablo, se refiere a una «libertad liberadora, a la libertad que habíamos perdido, esclavos de aquel pecado que lla­mamos original, y pertenece estrictamente al orden de la gracia».

Así pues, seremos plenamente libres si hacemos el bien en fuerza de un dinamismo interior y no simplemente porque hay una ley que desde fuera nos lo ordena. Sólo es auténticamente libre el que puede regalar su libertad.

En Romanos el protagonista es el Espíritu. El Espíritu es el que nos libera de la ley del pecado y de la muerte, el que hace posible que ya ahora vivamos una vida nueva, el que un día hará que compartamos la resurrección de Cristo, el que al hacernos hijos de Dios nos permite llamar a Dios "Padre querido", el que acompaña y hace eficaz nuestra oración, el que dinamiza nuestra esperanza y la proyecta hacia un futuro de gloria.

A la libertad de la carne, opone el Apóstol la ley del Espíritu y del amor; y la libertad social o de acción la refrena o modera con el principio de autoridad eclesiástica, principalmente con el primado de San Pedro. Otra libertad reclaman para sí los protestantes, con mayor obstinación que ninguna otra: la del libre examen, que por natural evolución ha degenerado en la moderna libertad de pensamiento. Sin duda que los protestantes, los conservadores por lo menos, limitan o moderan esta libertad de pensar acatando el magisterio escrito de la Biblia. Pero semejante magisterio escrito, al ser sometido al libre examen, resulta ineficaz e irrisorio. Al interpretar la Biblia según su criterio personal, hacen decir a la Biblia lo que ellos quieren, y, en definitiva, piensan como se les antoja. El verdadero freno moderador de la libertad de pensar en materias religiosas no es ni puede ser otro que la autoridad doctrinal, el magisterio viviente instituido por el mismo Jesucristo. Este magisterio oral y externo se hizo para los protestantes un yugo insoportable, como contrario a la libertad cristiana de pensar.

Sin embargo, Jesucristo impuso este yugo sobre las cervices de cuantos generosamente se resolviesen a dar fe de su palabra y aceptar su autoridad y su doctrina, el magisterio y la tradición. Mediante la consecución de esta «libertad», que nos ha traído Cristo, el hombre se ve libre de esos falsos dueños.

Camilo Valverde



domingo 16 de septiembre de 2007

Predicador del Papa: Sanar la relación padres-hijos, una misión más actual que nunca


Comentario del padre Cantalamessa a la liturgia del próximo domingo

ROMA, viernes, 16 septiembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. -predicador de la Casa Pontificia- a la liturgia del próximo domingo, XXIV del tiempo ordinario.

* * *
XXIV Domingo del tiempo ordinario [C]
Exodo 32, 7-11.13-14; I Timoteo 1, 12-17; Lucas 15, 1-32

El padre corrió a su encuentro


En la liturgia de este domingo se lee íntegramente el capítulo decimoquinto del Evangelio de Lucas, que contiene las tres parábolas llamadas <>: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo. <>. Basta con oír estas palabras para que quien tenga una mínima familiaridad con el Evangelio exclame enseguida: ¡la parábola del hijo pródigo! En otras ocasiones he subrayado el significado espiritual de parábola: esta vez desearía subrayar en ella un aspecto poco desarrollado, pero extremadamente actual y cercano a la vida. En su fondo la parábola no es sino la historia de una reconciliación entre padre e hijo, y todos sabemos qué vital es una reconciliación así para la felicidad tanto de padres como de hijos.

Quién sabe por qué la literatura, el arte, el espectáculo, la publicidad, se aprovechan de una sola relación humana: la de trasfondo erótico entre el hombre y la mujer, entre esposo y esposa. Publicidad y espectáculo no hacen más que cocinar este plato de mil maneras. Dejamos en cambio sin explorar otra relación humana igualmente universal y vital, otra de las grandes fuentes de alegría de la vida: la relación padre-hijo, el gozo de la paternidad. En literatura la única obra que trata de verdad este tema es la <>, de F. Kafka (la famosa novela <> de Turgenev no trata en realidad de la relación entre padres e hijos, sino entre generaciones distintas).

Si en cambio se ahonda con serenidad y objetividad en el corazón del hombre se descubre que, en la mayoría de los casos, una relación conseguida, intensa y serena con los hijos es, para un hombre adulto y maduro, no menos importante y satisfactoria que la relación hombre-mujer. Sabemos cuán importante es esta relación también para el hijo o la hija y el tremendo vacío que deja su ruptura.

Igual que el cáncer ataca, habitualmente, los órganos más delicados del hombre y de la mujer, la potencia destructora del pecado y del mal ataca los núcleos vitales de la existencia humana. No hay nada que se someta al abuso, a la explotación y a la violencia como la relación hombre-mujer, y no hay nada que esté tan expuesto a la deformación como la relación padre-hijo: autoritarismo, paternalismo, rebelión, rechazo, incomunicación.

No hay que generalizar. Existen casos de relaciones bellísimas entre padre e hijo y yo mismo he conocido varias de ellas. Pero sabemos que hay también, y más numerosos, casos negativos de relaciones difíciles entre padres e hijos. En el profeta Isaías se lee esta exclamación de Dios: <> (Is 1, 2). Creo que muchos padres hoy en día saben, por experiencia, qué quieren decir estas palabras.

El sufrimiento es recíproco; no es como en la parábola, donde la culpa es única y exclusivamente del hijo... Hay padres cuyo sufrimiento más profundo en la vida es ser rechazados o hasta despreciados por los hijos. Y hay hijos cuyo sufrimiento más profundo e inconfesado es sentirse incomprendidos, no estimados o incluso rechazados por el padre.

He insistido en el aspecto humano y existencial de la parábola del hijo pródigo. Pero no se trata sólo de esto, o sea, de mejorar la calidad de vida en este mundo. Entra en el esfuerzo de una nueva evangelización la iniciativa de una gran reconciliación entre padres e hijos y la necesidad de una sanación profunda de su relación. Se sabe lo mucho que la relación con el padre terreno puede influir, positiva o negativamente, en la propia relación con el Padre celestial y por lo tanto la misma vida cristiana. Cuando nació el precursor Juan Bautista el ángel dijo que una de sus tareas sería la de <> [Cf. Lc 1,17. Ndr], una misión más actual que nunca.


jueves 13 de septiembre de 2007

"La objeción de conciencia fiscal aplicada a la cuestión del aborto. Una propuesta ética y cívica"


por Pablo Sánchez Garrido y Luis Losada Pescador

En este artículo se tratan las siguientes cuestiones: ¿qué es la objeción de conciencia fiscal?, ¿qué no es la objeción de conciencia fiscal?, ¿cómo se realiza? Y su justificación teórica.


"Así pues, el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que, por el contrario, establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellos mediante la objeción de conciencia" (Juan Pablo II. Evangelium vitae, n. 73)

"Los que afirman que la doctrina de Cristo es nociva a la república; que nos muestren un ejército de soldados tales como la doctrina de Cristo los exige; que nos den asimismo regidores, gobernadores, cónyuges, padres, hijos, amos, siervos, reyes, jueces, tributarios, en fin, y cobradores del fisco, tales como la enseñanza de Cristo los requiere y forma; y una vez que los hayan dado, atrévanse a mentir que semejante doctrina se opone al interés común, lo que no dirán; antes bien, habrán de reconocer que su observancia es la gran salvación de la república" (San Agustín. Epístola 138 ad Marcel).

¿Qué es la objeción de conciencia fiscal?

La objeción de conciencia fiscal aplicada al aborto es una forma de objeción de conciencia que constituye un recurso ético y cívico para protestar activamente contra el destino abortero en el que se emplean los impuestos que anualmente damos al Estado. La finalidad inmediata es que nuestro dinero no se destine a un fin perverso que vulnera el derecho natural de todos a la vida; como finalidad mediata persigue que al menos esto se configure como una posibilidad que la ley contemple a la hora de realizar nuestra declaración. La finalidad última es que el Estado no destine nuestros impuestos, directos o indirectos, para financiar esta práctica aberrante.

Mediante esta objeción fiscal se pretende, por tanto, elevar una protesta moral por parte de la sociedad ante un Estado que, en el uso o finalidad práctica de los recursos fiscales, vulnera gravemente y de modo sistemático la ley natural y la ley divina.

Según un dato del informe anual elaborado por el Ministerio de Sanidad cada año se realizan en España unos 69.857 abortos (año 2001). Estos abortos están financiados y sufragados con dinero público procedente de los impuestos, es decir, está financiado con nuestro dinero. Con esta iniciativa se busca no ser cómplice, no colaborar, directa o indirectamente, en dicha acción.

Últimamente en nuestro país ha habido intentos de atacar este derecho a la objeción de conciencia justamente en el tema del aborto dentro del ejercicio de la profesión médica y farmacéutica, de ahí la importancia añadida que pueda tener esta iniciativa al sumar fuerzas en la defensa de esta importante cuestión. Hace algún tiempo destacaba esto mismo Eulogio López en su editorial ("¡A por la objeción fiscal!") del periódico digital Hispanidad del 18 de octubre de 2002, coincidiendo con nosotros en la defensa de esta iniciativa: "...propongo que todos los partidarios de la defensa de la vida humana desde que existe una persona con su correspondiente código genético, es decir, desde la fecundación, practiquemos la objeción fiscal: ¿Por qué voy a tener que alimentar con mis impuestos los abortos que se realizan en hospitales públicos? No me da la gana. Nada, nada, que me retiren la cuota parte (cuota, que diría Lázaro Carreter) de mis impuestos" (1).

Se entiende que la defensa del derecho a la vida puede obligar moralmente a ejercitar la objeción de conciencia en todas las manifestaciones posibles, ya sea en el ejercicio de nuestra profesión o incluso en la propia vida ciudadana(2).

También es destacable el hecho (conocido a última hora por nuestra parte) de que esta iniciativa ya se viene realizando con un éxito considerable en Francia, donde existe una asociación pro-vida que promueve la objeción de conciencia fiscal aplicada al aborto (AOCPA-Choisir la vie), la cual mueve aproximadamente unas dos mil objeciones fiscales desde hace poco tiempo. Según afirma Rafael Navarro Valls, uno de los mayores expertos juristas en la objeción de conciencia, la iniciativa también existe en EEUU.

¿Qué no es la objeción de conciencia fiscal?

La objeción de conciencia, en la medida en que está relacionada no-obediencia civil, constituye un recurso excepcional que se aplica en aquellos casos en los que el Estado vulnera el derecho natural o la ley divina. Pero hay que tener en cuenta que "la norma ordinaria es la de obedecer. (...). La norma excepcional opera solamente cuando concurren los supuestos indicados de clara violación de la ley natural o de la divina positiva (...). Esta desobediencia, o con propiedad no-obediencia civil, que está en principio teológicamente y humanamente justificada, no significa resistencia arbitraria al poder, ni envuelve pruritos revolucionarios, ni responde a la psicología de rebeldes sin causa 'No niega la obediencia debida al gobernante. Le niega solamente la obediencia en aquellos puntos en los que el gobernante carece de potestad legislativa' (León XIII Sapientiae christianae 3)" (3). Ante esta situación cabe preguntarse, ¿tiene el gobernante potestad legislativa para utilizar sistemáticamente nuestros impuestos para una finalidad que no solamente no contribuye al bien común sino que además atenta gravemente contra el derecho natural a la vida de los no nacidos y por tanto contra la ley divina? Es cierto que la autoridad tiene potestad para reclamar impuestos, pero esta potestad la tiene en función de la finalidad a la que destine los mismos, como veremos en el último epígrafe.

Tampoco es la importancia de pagar impuestos lo que se discute aquí, de hecho el Concilio Vaticano II destaca la evasión de impuestos justos como una manifestación de la ausencia de respeto a la ley y a las obligaciones sociales: "Hay quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales. No sólo esto; en varios países son muchos los que menosprecian las leyes y las normas sociales. No pocos, con diversos subterfugios y fraudes, no tienen reparo en soslayar los impuestos justos u otros deberes para con la sociedad." (GS 30).

Por otro lado, es importante tener en cuenta que esta objeción fiscal en esencia es una omisión, un no hacer frente al Estado, no es una acción positiva o una comisión contra el mismo. Aunque pueda parecer que lo esencial de la objeción fiscal sea la desviación de los ingresos, esto, en realidad, es algo secundario respecto a la omisión del pago de la cantidad destinada a abortos; además, se trata de una omisión parcial y mínima pues no se trata de no pagar nada a Hacienda (no hay una oposición al sistema tributario general), sino de no pagar una parte o cantidad concreta, siendo esta cantidad detraída ínfima, casi simbólica. La finalidad de la acción positiva subsiguiente -la desviación- es mostrar que no hay intención de defraudar, o que existe buena fe, y darle a esa parte de nuestros impuestos un fin que sí es susceptible de ordenarse al bien común. Por todo ello, esta objeción, basada en un respeto al Derecho y a la moral, no puede redundar en un deterioro de la paz social y del sano respeto a las obligaciones ciudadanas, ya que lejos de promoverse una pueril actitud de falta de respeto y obediencia a la autoridad, se busca una justa obediencia ciudadana dentro de los límites que le dan sentido y legitimidad, así como evitar una cooperación a un mal objetivo(4).

En este sentido, tampoco sería legítimo invocar un derecho a la objeción de conciencia fiscal de un modo arbitrario o indiscriminado, tan sólo sería legítima en los casos señalados, o en casos que vulneren los derechos fundamentales de las personas(5). Pero esto mismo ocurre con cualquier caso de aplicación de la objeción de conciencia. El eventual peligro de mal interpretación subjetivista o arbitraria de la misma no puede ni debe deslegitimar su existencia.

Por último, señalar que aunque la objeción fiscal no sea algo nuevo, aunque ya exista previamente aplicada a la reducción de los gastos militares(6), sin embargo, esta iniciativa previa difiere de la aquí propuesta en cuanto a finalidad, en cuanto a ciertas formas o metodologías y en cuanto a algunas de sus fundamentaciones teóricas (vgr. libertarias o liberales). Quizá la desobediencia civil que implica la objeción fiscal sea más difícilmente justificable en el caso de los gastos militares si nos atenemos a las circunstancias, indicadas previamente, que justifican esa no-obediencia civil dentro de la tradición clásica del derecho natural y de la moral social realista.

¿Cómo se realiza?

La objeción fiscal se realiza desviando una cuota porcentual del impuesto de la renta sobre la personas físicas, equivalente a la inversión estatal para abortos (ya sea en centros privados o públicos , hacia alguna ong pro-vida, institución de apoyo a madres con problemas económicos, o similar.

Para ello hay que rellenar los impresos de la declaración hasta el epígrafe "cuota líquida", tras lo cual se incluye el total de la cantidad a objetar en una de las casillas para retenciones, escribiendo: "Para objeción fiscal por gastos abortistas" (7). Es importante en este sentido adjuntar el justificante o comprobante del ingreso en la respectiva organización benéfica para evitar que la objeción pueda interpretarse como una forma de fraude o evasión fiscal (por ello es necesario pedir dos recibos en la asociación benéfica, uno para el declarante y otro para incluirlo en la Declaración). El paso siguiente es adjuntar una carta-instancia dirigida al Delegado de Hacienda en la que se expongan los motivos de la objeción fiscal, el total del dinero desviado y el proyecto social elegido, así como una petición para que no se destine ninguna otra parte de los impuestos a fines abortistas y para que en años sucesivos este apartado aparezca en los impresos para poder realizar la objeción.

Existe también la posibilidad de desviar una cuota fija simbólica, pero quizá este procedimiento entrañe más dudas en cuanto a su justificación, incluso aunque la cantidad resultante fuese inferior, pues el criterio sería meramente subjetivista. Es necesario que esta iniciativa tenga una adecuada justificación, no sólo teórica, sino también en los métodos prácticos que utilice. De ahí que esta vía de la cuota fija, aunque sea mucho más sencilla, sea desaconsejable.

Aunque la declaración salga a pagar, a devolver o de cuota líquida cero, se puede realizar la objeción fiscal, reclamar el dinero que de tus impuestos se destina a gastos abortistas, y desviarlo al proyecto pro-vida elegido.

¿Qué pasa después? Pues que como Hacienda seguramente no va a reconocer esta posibilidad de objeción fiscal a los gastos abortistas, envía la llamada "declaración paralela", una declaración similar a la realizada pero "corregida", haciendo constar algún tipo de "equivocación" al imputar desgravaciones o errores aritméticos que no corresponden.

Cuando Hacienda conteste que no acepta nuestra objeción fiscal la respuesta puede ser aceptarlo sin más y pagar, o recurrir -para explicar que no es un error, continuando con la objeción- ante la Delegación de Hacienda primero y luego, si el primer recurso lo deniegan, ante el Tribunal Económico Administrativo Provincial (se puede recurrir directamente ante éste sin pasar por el primero).

En el caso de que la respuesta del Tribunal Económico Administrativo sea negativa, que lo suele ser, se cierra la vía administrativa y se abre la judicial.

Según las experiencias análogas ya citadas, para esto sí que es imprescindible ponerse en contacto con un eventual grupo de objeción fiscal en orden a explicar las posibilidades y la estrategia mejor según las circunstancias que concurran en cada caso.

En años sucesivos la plataforma debería contar con un eventual grupo de asesores jurídicos y fiscales al que pudiera acudir el objetor fiscal pro-vida.

Nótese que en el caso de que exista un número importante de recursos al Estado por cantidades tan nimias y simbólicas (en cualquier caso, menos de 1 euro) se le plantea una situación insoslayable al Estado.

Sin embargo, el estar recurriendo no impide que Hacienda ejecute su decisión, por ello, puede suceder estar aún esperando la respuesta del Tribunal Económico Administrativo y que Hacienda embargue aquella cantidad que reclama con el interés de demora estipulado por ley de un 20%
(imperceptible, dado que se aplica a una cantidad muy pequeña). El embargo suele hacerse sobre una cuenta bancaria o sobre la devolución de un año posterior. Pero aunque esto quedara así y se optara por no recurrir, parte de la objeción fiscal ha tenido su efecto, dado que es muy distinto que nos embarguen el dinero a que lo demos alegremente "lavándonos las manos" respecto de un uso cierto que se le va a dar. Por eso, si el Estado embarga coactivamente esa cantidad la responsabilidad pasa a ser completamente del Estado (es como si alguien nos sustrae por la fuerza una cantidad de dinero y la utiliza para una actividad criminal). En otras palabras: ese dinero ya no lleva nuestro nombre, y hemos manifestado nuestra oposición a que se le de un fin abortista..

Otra alternativa posible, o más bien un sucedáneo ligero, es mediante una carta de adhesión. Esta modalidad no conlleva ningún tipo de deducción, se concreta en una declaración de oposición respecto al uso de los recursos fiscales para la realización de abortos.

Además puede incluir otras peticiones: el reconocimiento jurídico del derecho a la objeción fiscal (aunque en caso de producirse tal reconocimiento ya no sería propiamente objeción de conciencia puesto que hablaríamos de una posibilidad legalmente establecida) o a que aparezca la posibilidad de desviar el porcentaje abortista a instituciones provida (como ocurre respecto a la casilla para la Iglesia católica); que el dinero ingresado respecto del pago de impuestos
directos e indirectos no sea destinado a la financiación de abortos, etc.

Esta carta o instancia se añade por escrito a la declaración. Pero esta carta de adhesión no sería una objeción de conciencia, es tan sólo una expresión pública de rechazo ante cierto uso de los ingresos fiscales.

De cualquier modo, todo lo que aparece aquí sobre el método de la objeción fiscal pro-vida se puede consultar con más detalle en la dirección de internet: www.impuestoporlavida.org

Justificación teórica.

En los puntos anteriores ya se ha hecho una reiterada alusión a los elementos justificativos de esta iniciativa, pero conviene desarrollar algunos aspectos de estos principios, sobre todo para explicar la fundamentación de los mismos y su conexión con la cuestión fiscal y tributaria.

La justificación de la objeción de conciencia y de la no-obediencia civil es algo tradicional en el cristianismo, de hecho, como es sabido, muchos de los primeros cristianos son martirizados por desobedecer leyes injustas(8). Dentro de la tradición filosófica del derecho natural y dentro del mismo magisterio pontificio se ha establecido que existe incluso un deber de ejercer una objeción de conciencia y de no-obediencia civil en aquellos casos en los que una norma cuyo origen provenga de la autoridad civil se oponga a la ley natural o a la ley divina. Ángel Herrera lo expresaba del siguiente modo: "Cuando los gobiernos mandan algo contrario a la ley de Dios o de la Iglesia, entonces la obediencia es un crimen y la resistencia a la legislación es un deber" (9).

Ya Santo Tomás de Aquino nos dice que "la ley que no es justa no parece que sea ley(...)Por consiguiente toda ley humana tendrá carácter de ley en la medida en que se derive de la ley de la naturaleza; y si se aparta en un punto de la ley natural ya no será ley, sino corrupción de la ley" (10).

Pero además, para aproximarnos todavía más a nuestro tema, también existe dentro de la tradición iusnaturalista, concretamente en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino (11), una doctrina moral sobre el pago de los impuestos, como recordó José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala en una conferencia intitulada precisamente: "La doctrina moral de Santo Tomás sobre los impuestos y las obligaciones de pagarlos" (12). Conferencia impartida el 29 de Enero de 2002 con motivo de la celebración de la Festividad de Santo Tomás de Aquino en la Universidad San Pablo CEU..

En esta conferencia se afirmaba que para Santo Tomás "sólo los impuestos justos generan el deber moral de pagarlos" (13). Entre los requisitos para la justicia de un impuesto, y por tanto para la obligación moral de pagarlos, el más importante en esta doctrina tomista, según expone Pérez de Ayala, es que la causa final del mismo esté ordenada al bien común, que el impuesto sea justo por su fin (14). La conclusión que extrae Pérez de Ayala sobre esta doctrina tomista es la siguiente: "De forma que, nosotros, podemos terminar diciendo que sólo cuando el impuesto se establece y se recauda para financiar actitudes públicas que procuran esas condiciones y prestaciones objetivamente necesarias para el desarrollo integral del hombre, el Impuesto estará justificado éticamente, por su fin, por servir al bien común, tal y como este aparece en la tradición del pensamiento tomista hasta su recepción en el pensamiento pontificio actual" (15).

Obviamente el empleo de los recursos públicos en la financiación de abortos parece que difícilmente puede ordenarse hacia el bien común. Es más, no sólo no se ordena al bien común, sino que se opone directamente al mismo. Por tanto, si no hay obligación de pagar los impuestos que simplemente no sean ordenables al bien común, aun sin que se impliquen en algo contrario a la ley moral, mucho más se justificará moralmente el impago en el caso de impuestos que se emplean en la muerte de seres humanos inocentes.

Para concluir subrayaremos que el problema no es obviamente la obligación moral de pagar impuestos, "El problema está en decidir si la legislación vigente en cada momento, sobre tales impuestos, obliga moralmente en todos sus preceptos; y, también si por tanto, existe la obligatoriedad de pagar tales impuestos íntegramente (subrayémoslo, íntegramente), o sea en la totalidad prevista y exigida por el legislador, hasta la última peseta [hoy céntimo]" (16).

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Pablo Sánchez Garrido y Luis Losada Pescador

- Queremos agradecer a D. José Luis Pérez de Ayala y López de Ayala, Rector Honorario de la Universidad San Pablo CEU y Catedrático de Economía Política, Hacienda Pública y Derecho Financiero y Tributario, su amabilidad por el apoyo moral e intelectual prestado y por su inestimable ayuda al ofrecernos una valiosísima información y bibliografía sobre el tema que aquí se presenta.

Notas

1) "¡A por la objeción fiscal!". Editorial de Hispanidad del 18 de octubre de 2002. Número: 1.566, www.hispanidad.com.

2) Aunque en el desarrollo práctico de la objeción existe, además de una obvia apelación a la conciencia, una apelación a la propia prudencia, lo cual condiciona su realización en un caso concreto.

3) Gutiérrez, José Luis. Introducción a la Doctrina Social de la Iglesia. Ariel, Barcelona 2001. pp. 260-61.

4) Sobre la cooperación al mal el filósofo del derecho Javier Hervada explica que este afecta a acciones que de suyo pueden no ser injustas o malas, como ejemplo pone la acción de imprimir unos folletos por parte del dueño de una imprenta. Sin embargo, puede darse la situación de que el contenido de esos folletos busque promover una alteración violenta del orden público, en cuyo caso el impresor está cooperando en dicho mal aunque su acción per se (imprimir) sea moralmente neutra. Hervada, J. Lecciones propedéuticas de Filosofía del Derecho. Eunsa, Pamplona. En nuestro caso, podría decirse que aunque la acción de pagar el Estado es una acción moralmente neutra -en circunstancias normales incluso un deber-, pues no se nos pide que practiquemos directamente un aborto, el conocimiento de la inmoralidad e injusticia del fin sistemático al que se destinan los impuestos que pagamos urge algún tipo de oposición, no podemos "lavarnos las manos" conociendo de antemano ese fin injusto e inmoral. En cuanto a los impuestos indirectos la cuestión sería algo distinta pero también requeriría una cierta oposición cívica en orden a que la finalidad de los mismos sea recta, por ejemplo manifestando mediante cartas de adhesión esta oposición ante los medios de comunicación o directamente a los responsables de los respectivos ministerios, oficinas fiscales, etc.

5) "El Estado tiene el deber de reconocer no sólo la libertad fundamental de conciencia, sino de promoverla, pero siempre a la luz de la ley moral natural de las exigencias del bien común, además del pleno respeto de la dignidad de cada hombre. A este propósito, es útil recordar que la libertad de conciencia no da derecho a una práctica indiscriminada de la objeción de conciencia". Juan Pablo II. Mensaje para la jornada mundial de la paz "Si quieres la paz, respeta la conciencia de cada hombre" 1991.

6) Hay que señalar que esta otra iniciativa aplicada a la reducción de los gastos militares está muy desarrollada y que disponen de unas quince oficinas de información y asesoramiento para la objeción fiscal en las distintas comunidades autónomas españolas, así como de una red de coordinación internacional para la campaña. De hecho en España, parece ser que los diversos secretariados de Justicia y Paz se encargan de asesorar sobre esta cuestión.

7) Si se utilizan medios informáticos se puedes incluirla en alguno de los apartados en que la deducción de la cantidad global se fija en "tanto por ciento", o también directamente a mano.

8) Como dice Ángel Herrera parafraseando a León XIII: "Acataron la Constitución pero combatieron la legislación...". Obras selectas, BAC Madrid. P. 17.

9) Ibid. p. 15.

10) Summa Theologica 1, 2, q.95.a.2.

11) Summa Theologica, I, II, cuestiones 95 y ss.

12) Conferencia impartida el 29 de Enero de 2002 con motivo de la celebración de la Festividad de Santo Tomás de Aquino. Universidad San Pablo CEU. De hecho, esta iniciativa debe parte de su génesis a dicha conferencia.

13) Ibid. P. 7.

14) El resto de la doctrina se establece en función de su causa material, formal y de que provenga de quien tiene poder para establecerlo. Se basa por tanto en la legitimación del impuesto por emanar de los poderes competentes; en la viabilidad del impuesto, por aplicarse a realidades económicas que lo hacen posible; y en la adecuación del impuesto por ser proporcionado, en su cuantía, a la capacidad económica de quienes han de pagarlo.

15) Pérez de Ayala, J.L. Ibid. P 11.

16) Pérez de Ayala. Ibid. p 18. El subrayado es del autor.


miércoles 12 de septiembre de 2007

12 de Septiembre: DULCE NOMBRE DE MARIA

DULCE NOMBRE DE MARIA

Por Jesús Martí Ballester

Cuando voy a escribir sobre el Dulce Nombre de María, la quiero invocar por su Nombre, porque, aunque San Bernardo, el Citarista de María, ha dicho que "De María numquam satis", es decir, que nunca hablamos bastante de María.

SU NOMBRE ERA MARIA

Ha sido Lucas en su evangelio quien nos ha dicho el nombre de la doncella que va a ser la Madre de Dios: "Y su nombre era María". El nombre de María, traducido del hebreo "Miriam", significa, Doncella, Señora, Princesa. Estrella del Mar, feliz Puerta del cielo, como canta el himno Ave maris stella. El nombre de María está relacionado con el mar pues las tres letras de mar guardan semejanza fonética con María. También tiene relación con "mirra", que proviene de un idioma semita. La mirra es una hierba de África que produce incienso y perfume. En el Cantar de los Cantares, el esposo visita a la esposa, que le espera con las manos humedecidas por la mirra. "Yo vengo a mi jardín, hermana y novia mía, a recoger el bálsamo y la mirra". "He mezclado la mirra con mis aromas. Me levanté para abrir a mi amado: mis manos gotean perfume de mirra, y mis dedos mirra que fluye por la manilla de la cerradura". Los Magos regalan mirra a María como ofrenda de adoración. "Y entrando a la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron y abriendo sus cofres, le ofrecieron oro, incienso y mirra". La mirra, como María, es el símbolo de la unión de los hombres con Dios, que se hace en el seno de María. Maria es pues, el centro de unión de Dios con los hombres. Los lingüistas y los biblistas desentrañan las raíces de un nombre tan hermoso como María, que ya llevaba la hermana de Moisés, y muy común en Israel. Y que para los filólogos significa hermosa, señora, princesa, excelsa, calificativos todos bellos y sugerentes.

EL NOMBRE Y LA MISION

En la Historia de la Salvación es Dios quien impone o cambia el nombre a los personajes a quienes destina a una misión importante. A Simón, Jesús le dice: "Tú te llamas Simón. En adelante te llamarás Kefá, Pedro, piedra, roca, porque sobre esta roca edificaré mi Iglesia". María venía al mundo con la misión más alta, ser Madre de Dios, y, sin embargo, no le cambia el nombre. Se llamará, simplemente, MARIA, el nombre que tenía, y cumple todos esos significados, pues como Reina y Señora la llamarán todas las generaciones. María, joven, mujer, virgen, ciudadana de su pueblo, esposa y madre, esclava del Señor. Dulce mujer que recibe a su niño en las condiciones más pobres, pero que con su calor lo envuelve en pañales y lo acuna. María valiente que no teme huir a Egipto para salvar a su hijo. Compañera del camino, firme en interceder ante su hijo cuando ve el apuro de los novios en Caná, mujer fuerte con el corazón traspasado por la espada del dolor de la Cruz de su Hijo y recibiendo en sus brazos su Cuerpo muerto. Sostén de la Iglesia en sus primeros pasos con su maternidad abierta a toda la humanidad. María, humana. María, decidida y generosa. María, fiel y amiga. María fuerte y confiada. María, Inmaculada, Madre, Estrella de la Evangelización.

LA SALVE

¿Te acuerdas, madre, a tus pies cuántas veces, rece la salve? Así cantaban los niños de mis catequesis: "Estrella de los mares, cuyo reflejos, en mis ojos de niño resplandecieron. ¿Te acuerdas, Madre? ¿A tus pies cuántas veces, recé la Salve? Cuántas veces invocamos a María con gritos del corazón. De júbilo, unas veces, de amor o de auxilio, otras. De tribulación y angustia, no pocas. Con llanto y amarga amargura, dolor y zozobra las más veces, en este valle de lágrimas. ¡María! es un grito que se acomoda a todos los sentimientos de nuestro corazón y a todas nuestras situaciones. Y ¿cómo responde María a nuestro saludo, cuando invocamos su Nombre? ¡Con qué ojos y con qué compasión nos debe de mirar! ¡Con qué cariño y ternura se debe de volcar sobre nosotros!..

¡AVE, BERNARDO!

Monasterio de Claraval. Bernardo pasea por su claustro. Hay una imagen de María. Cada vez que pasaba ante ella, Bernardo la saludaba con una inclinación de cabeza y unas palabras: ¡Dios te salve, María! Y así siempre. Un día la imagen se animó, y le respondió muy educada al saludo: ¡Salve, Bernardo! ¡Salve, Jesús!! ¡Salve, Eulalia! ¡Salve, Laly! ¡Salve, Pedro! ¡Salve Alejandra! ¡Salve Visitación! Le agrada a la Virgen mucho este saludo, porque al oírlo revive el gozo del anuncio del Arcángel de que iba a ser la Madre de Dios. Por eso Tomás de Kempis nos aconseja: "Saludadla a menudo con la salutación angélica, porque este saludo lo escucha muy complacida". Y María le confió a Santa Matilde, que no puede recibir saludo mejor que el Ave María. El que saluda a María, será saludado por ella, como San Bernardo. Saludo de María que consistirá, según San Buenaventura, en otorgar alguna gracia cada vez que se la saluda. Y pregunta Ricardo de San Lorenzo: Si uno le dice Ave María, ¿le podrá negar la gracia la que prometió a Santa Gertrudis tantos auxilios en la hora de la muerte cuantas fuesen las Ave Marías que le había rezado? Y afirma el Beato Alano que cuando se reza el Ave María, goza todo el cielo y tiembla y huye el demonio, y lo mismo confirma Tomás de Kempis, quien al decir Ave María puso en fuga al demonio que se le había aparecido.

SAN EFREN. SAN BUENAVENTURA

San Efrén dice "que el nombre de María es la llave de las puertas del cielo," Y San Buenaventura "que María es la salvación de todos los que recurren a ella." "¡Oh Dulcísimo Nombre! Oh María, quién serás Tú que tu nombre sólo es tan amable y lleno de gracia," exclama el beato Enrique Suso. Y San Bernardo: "En los peligros, en las perplejidades, en los casos dudosos, piensa en María, recurre a María, no dejes que abandone tus labios; no dejes que se aparte de tu corazón." María, cuyo Nombre cantan los cielos y la tierra, ¡bendita seas!...

El nombre de MARIA, junto con el Nombre de Jesús, es lo más entrañable que tenemos metido en nuestras almas. De niño cantaba ya en mi seminario: Es más dulce tu nombre, María, que el arrullo de tierna paloma/, es más suave que el plácido aroma/, que en su cáliz encierra la flor... Este y otros cantos por el estilo, aunque pasados de moda, indican una realidad.

OTROS SANTOS

Ricardo de San Lorenzo dice "que no hay ayuda más poderosa en ningún nombre, ni hay ningún otro nombre dado a los hombres, después, del de Jesús, que ofrezca tanta salvación a los hombres como el nombre de María." La invocación de este dulce nombre conduce a la adquisición de gracias superabundantes en esta vida y un alto estado de gloria en la futura." E "invita a los pecadores a servirse de este gran nombre," porque esto sólo bastará para curarlos de todos los males, pues "no hay trastorno, por malo que sea, que no se someta inmediatamente al poder del nombre de María." El beato Raimundo Jordano dice "que no importa lo endurecido y falto de confianza que pueda estar un corazón, el nombre de María tiene tanta eficacia que con tan sólo pronunciarlo ese corazón se ablanda maravillosamente."

Este nombre poderoso concede la fortaleza para superar las tentaciones contra la pureza. "Tu nombre, oh Madre de Dios, está lleno de gracias y bendiciones divinas." dice San Metodio. Y San Buenaventura ora, " tu nombre, oh María, no puede pronunciarse sin traer alguna gracia... permítenos, Señora, que con frecuencia podamos acordamos de nombrarte con amor y confianza. Tomas de Kempis afirma "que los demonios temen tanto a la Reina del cielo que sólo con oír pronunciar su nombre, huyen de la persona que lo dice como si del fuego ardiente." La Virgen reveló a Santa Brígida "que no hay pecador en la tierra, por apartado que esté del amor de Dios, del que no huya el demonio, si se invoca su nombre con la determinación de arrepentirse". Y "así como los ángeles rebeldes huyen de los pecadores que invocan el nombre de María, los ángeles buenos se acercan a las almas justas que pronuncian su nombre con devoción, " le dijo la Virgen a Santa Brígida. Jesús le dice a su Madre: "Tus palabras, Madre mía, son tan dulces y agradables para Mi, que no puedo negarte lo que me pides." San Bernardo nos exhorta: "En los peligros, en las perplejidades, en los casos dudosos, piensa en María, recurre a María, no dejes que abandone tus labios; no dejes que se aparte de tu corazón." "La invocación de los nombres de Jesús y María," dice Tomas de Kempis, "es una oración breve que es tan dulce para la mente como poderosa para proteger a aquellos que la usan contra los enemigos de su salvación, y fácil de recordar."

AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE

En la hora de la muerte, después de haber invocado su nombre infinitas veces durante la vida, inducirá a la paz y confianza porque va a salir a nuestro encuentro. En esta misma fecha y a la misma hora que estoy escribiendo, estaba agonizando mi madre y le dije a María: "cógela en tus brazos y llévatela al cielo". Son las doce de la noche del 3 de septiembre. A las tres de la madrugada mi santa madre expiraba santamente. Sea recordado para gloria accidental suya.

Pedía San Germán; "Que el último movimiento de mi lengua sea para pronunciar el nombre de María; " qué dulce, qué segura es la muerte que está acompañada y protegida por la pronunciación del nombre de María".

El Padre Sertorio Caputo, jesuita, exhortaba a los enfermos a invocar frecuentemente el nombre de María; porque es vida y esperanza, y cuando se repite a la hora de la muerte ahuyenta a los demonios y conforta en el sufrimiento. "Bendito sea el hombre que ama tu nombre, María," exclama San Buenaventura. "¡Si, verdaderamente bendito es aquel que ama tu dulce nombre, oh Madre de Dios!, pues "tu nombre es tan glorioso y admirable que quien lo recuerda no tiene temor a la hora de la muerte." Por eso San Camilo de Lellis, fundador de los Camilos, Congregación dedicada a la asistencia a los enfermos, recuerda a sus hijos, que los moribundos pronuncien con frecuencia los nombres de Jesús y María. El Papa Pablo VI en su última agonía, insistía a los circunstantes que invocaran el dulce nombre de María, María. El capuchino Fulgencio de Ascoli, expiró cantando, "¡Oh María, oh María, la más bella de las criaturas! Permítenos ir juntos." Y me contaba un párroco amigo, que su madre moribunda le pedía que le "tocara la musiqueta", una imagen de la Virgen de Lourdes que cantaba el "Ave María" de Lourdes.

martes 11 de septiembre de 2007

Pan y vino

AÑO VII / 9.197 ejemplares
ISSN: 1579-6345
ecleSALia 10 de
septiembre de 2007

Presentación del XVII Congreso de Teología

LLEGARON

ENRIQUE DE CASTRO

MADRID.

ECLESALIA, 10/09/07.- Imagino que uno de los motivos para que me hayan invitado a presentar este congreso de teología se debe al apoyo que habéis dado a nuestra parroquia en estos últimos meses, por lo que, sobre todo, quiero daros las gracias en nombre de toda nuestra comunidad.

Pero no ha sido sólo una muestra de apoyo, sino una constatación de que todos nosotros estamos queriendo manifestar que es posible recuperar el sentido genuino de la iglesia de Jesús, basada en la utopía (tal vez hoy se entiende mejor esta palabra que la palabra reino), la justicia de la reconciliación y la solidaridad.

"Fui emigrante y me acogisteis". En nuestra parroquia todo comenzó en el encierro del 2001. Llegaron de Latinoamérica, El Magreb, subsaharianos, algunos del este europeo y dos de Mongolia. Querían papeles, pero estaban en la calle, sin techo. Descubrimos que no sólo había que apoyar sus reivindicaciones, había otros encierros en parroquias y centros diversos y en distintas ciudades, se hicieron manifestaciones masivas de apoyo. No nos fue difícil entender que, mientras conseguían sus objetivos, necesitaban satisfacer sus necesidades mínimas de comida, techo y afecto, porque teníamos la experiencia de los llamados chavales de la calle. Lo único que les diferencia es que son extranjeros. En lo demás, lo mismo: tienen que buscarse la vida y son perseguidos, con un plus añadido. No tenían apoyo al estar fuera de su tierra, no conocían dónde refugiarse o esconderse como los de aquí, eran desconfiados, los marroquíes apenas balbuceaban nuestro idioma… Comenzaron a vivir en nuestras casas, sobre todo los magrebíes, lo que supuso para ellos comenzar a sentir seguridad y confianza. En la parroquia y en nuestros domicilios hay empadronados cientos de ellos. Tomamos contacto con sus familias y hemos bajado en distintas ocasiones a conocerlas, lo que ha hecho que nos consideren su familia en España.

Hoy tenemos a muchos menores de dieciocho años a los que están expulsando abusivamente, sin ninguna garantía jurídica, sin conocer su situación familiar, engañándoles, vulnerando sus derechos fundamentales. El equipo de abogados de la parroquia ha conseguido sacar literalmente del avión, por mandamiento judicial, a muchos de estos chicos que se llevaban repatriados clandestinamente.

No puedo extenderme. Tan sólo señalar que hay distintos grupos en nuestro país, creyentes y no creyentes, viviendo esta misma experiencia con los emigrantes. A través de ella hemos pasado de la convivencia y el apoyo a la lucha más o menos organizada, en la que participan ellos mismos, los antiguos chavales de la calle y los distintos grupos que se organizaros en los años ochenta, las madres incluidas.

Quiero señalar otro aspecto de la vinculación entre ellos y nosotros. En el encierro del 2001 celebrábamos la eucaristía los domingos, como siempre. Para ello tenían que despejar la sala de colchones, mantas y enseres y se quedaban en nuestra celebración. No era difícil para los emigrantes de habla hispana, cristianos en su mayoría, pero sí para los musulmanes. Aunque un poco chapuceramente, comenzamos a hacer celebraciones comunes, leyendo también versículos del Corán, que ellos traducían, diciendo nosotros amén a su oración en árabe y uniendo ellos sus manos a las nuestras en el padrenuestro. Ellos dicen la mesa de Jesús, comparten con nosotros el pan y el vino, igual que ateos y agnósticos y alguno dice: soy musulmán pero ésta es mi iglesia.

De hecho consideran la parroquia como su casa, participan en todo, celebramos juntos sus fiestas y las nuestras y también gritan el no nos moverán.

Hoy no hay diferencia, en nosotros, entre los de aquí y los de fuera, son muchos los lazos que nos unen, incluida la fe que nos hace superar obstáculos y miedos.

Los inmigrantes son parte de los pobres y excluidos de la tierra, por lo tanto son la heredad, la iglesia del dios de Jesús. Nosotros somos iglesia de Jesús sólo si convivimos con ellos y luchamos con ellos.

Quisiera hoy hacer una reflexión con vosotros, en varios puntos, desde lo que hemos ido descubriendo estos años en la parroquia, ahora que se hacen tan evidentes a todos los ojos las diferencias entre la concepción de la iglesia vaticanista y la que podemos llamar iglesia de base.

En primer lugar, pensamos que sería importante cambiar la concepción de parroquia como lugar de culto para transformarla en lugar de encuentro. Si la iglesia de Jesús es de los pobres, las parroquias y las comunidades son el lugar de los pobres y, hoy que hablamos de ellos, también de los emigrantes. Los que ya estamos dentro de ellas tendríamos que abrirles las puertas y facilitarles que descubrieran la fe como motor de la vida humana, de sus propias vidas, no dictándoles, sino encontrando con ellos la riqueza que existe en la desnudez de cada uno. No se abre una parroquia si no se abren nuestras casas y nuestros tiempos, si no se da un encuentro y una convivencia en igualdad, donde todos buceamos en el interior de los otros, escuchando necesidades, problemas, intentando dar soluciones y cuando éstas se dan, celebrarlas. La celebración, la fiesta, la eucaristía, dejarán de ser vacías, porque celebraremos lo que estamos descubriendo y viviendo.

Esto haría cambiar nuestra concepción asistencialista y moralista: tenemos que ayudar a los pobres. Todos los que hemos ido formando la parroquia y la comunidad estos años, hemos descubierto que son ellos los que han dado sentido a nuestras vidas porque primero nos han regalado las suyas. Han hecho que se caigan nuestros esquemas, nuestras concepciones burguesas, nuestro protagonismo. Han hecho posible que descubramos la fe en el ser humano y en nuestra capacidad de cambio. Nos han traído la buena noticia.

El segundo momento de esta reflexión es acerca de la liturgia en nuestras parroquias y comunidades. Los pobres –y aquí incluyo a los jóvenes- deben entenderla, sentir que es algo suyo. ¿Con estos ropajes? Ya le vale a Cañizares. ¿Con estas canciones? ¿Con los monólogos del cura?

En muchas comunidades esto ha cambiado, nosotros hemos aprendido de ellas, y en parroquias hay grupos que celebran de otra manera, pero como a escondidas. Creo que tenemos que ir superando miedos para que, en una sociedad cada vez más laica, nuestras parroquias no espanten a la gente por aburrimiento o lejanía. No hemos visto ni a los mayores huir de las celebraciones en las que todos participamos. Sólo se han ido los sometidos, los que ponen la norma por encima del ser humano.

El último punto al que me quiero referir es el de la lucha. Cuando facilitamos una vivienda a un emigrante o le ayudamos a conseguir papeles o le facilitamos un puesto de trabajo, ya hacemos mucho por él. Eso todavía es asistencialismo. Pero si estás vinculado personalmente, denuncias cuando le maltratan, peleas contra su expulsión o le escondes, le das un trabajo clandestino, te haces cómplice, incondicional, encubridor, que no los toquen, porque ya son algo tuyo. La caridad deja de ser asistencialismo y se convierte en justicia, basada en el amor, no en la ley.

Todo esto vivido no aisladamente, sino en grupo, en comunidad, hace posible la utopía, eso que nosotros llamamos reino.

Estamos asistiendo a situaciones espantosas de los emigrantes en el mar de las pateras y en el de los cayucos, a persecuciones, inseguridades y expulsiones de quienes sólo buscan vivir. Creo que este congreso nos ayudará a construir una iglesia respondiendo no a lo que nos reclaman los jerarcas investidos de poder, sino a las expectativas de quienes están buscando la buena noticia.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Lunes 10 de Septiembre de 2007: Beato Francisco Gárate

Beato Francisco Gárate

NACIMIENTO

Francisco Gárate Aranguren nació el 3 de septiembre de 1857 en Azpeitia (Guipúzcoa), España, en un caserío muy cercano, a sólo 105 metros, de la Casa torre de Loyola. Fue el segundo de una familia de siete hermanos. De los 4 varones, tres fueron jesuitas.

EN LA COMPAÑÍA DE JESUS

A la edad de 14 años dejó su casa para emplearse en trabajos domésticos en el recién abierto Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, en Orduña, Vizcaya. En 1874 hizo discernimiento vocacional con los jesuitas y decidió ingresar en la Compañía de Jesús. Él y otros dos muchachos hicieron el viaje a pie hasta Poyanne, en el sur de Francia, donde estaba el Noviciado de los jesuitas españoles después de la Revolución de 1868. El país vasco era entonces escenario de la Tercera Guerra carlista.

ENFERMERO EN POTEVEDRA

El final de su noviciado coincidió con la paz de España y el retorno de los jesuitas españoles. Su primer trabajo fue el de Enfermero en el Colegio de la Guardia (Pontevedra) en la costa atlántica y muy cercano a la frontera portuguesa. Allí estuvo 10 años y los estudiantes recordaron siempre su paciencia, entrega y caridad para todos y en especial para los enfermos.

EN DEUSTO EL HERMANO FINURAS

En 1888 fue destinado a Bilbao, a la portería de la Universidad de Deusto, donde va a permanecer 41 años, hasta su muerte. Portero y recepcionista, encargado de recibir a las personas que llegaban a la Universidad, como de todo lo relacionado con el edificio, aún en construcción, y de la planta telefónica instalada en 1916. Sacristán y jardinero y se cuida de tener limpios los patios.

FAMA DE SANTIDAD

Durante todo ese largo período, hasta 1929, pasaron por Deusto muchos jesuitas y personajes notables, pero el más recordado, siempre, por los universitarios fue el Hermano Gárate. Él los saludaba cariñosamente todas las mañanas al llegar a clases, los animaba, daba consejos y confortaba cuando tenían dificultades. Incluso, ayudó a muchos a copiar apuntes de clases. Atendió a los pobres, que conocedores de su bondad, le pedían alimentos y ropa. Los estudiantes lo llamaban cariñosamente "Hermano Finuras", por sus finos modales y delicadeza de alma. Tenía carisma especial para consolar a los alumnos o a los padres cuando sufrían por alguna asignatura o curso suspendidos. Su larga permanencia en Deusto, para él, no fue algo que considerara extraordinario, ni mucho menos heroico. Sabía que cumplía la voluntad del Señor manifestada por los superiores de la Compañía. Supo convertir esos años, de servicio y oración, como su patrono San Alonso Rodríguez en Mallorca, en un camino de santidad. Cayó agotado y enfermo el 8 de septiembre de 1929 y murió al día siguiente, sin dar molestias a nadie.

ENTERRADO EN EL CEMENTERIO DE DEUSTO

Sus restos, inhumados en el cementerio de Deusto, fueron trasladados, con intervención del tribunal diocesano, a la Universidad de Deusto, y, tras su examen por parte del tribunal y de una comisión de peritos médicos, fueron encerrados en una caja de zinc y depositados en el pavimento de la capilla pública de la Universidad. Concluido el proceso ordinario de información en la diócesis de Vitoria, fué entregado en Roma en febrero de 1941.

CAUSA DE CANONIZACION POR DECRETO DE PIO XII Y BEATIFICACION

El 26 de febrero de 1950, por decreto de Pío XII, se introdujo su causa. Una reforma de la Universidad de Deusto provocó el traslado de los restos del Hermano Gárate, de la Capilla pública, a una Capilla en el vestíbulo de la Universidad, junto a la portería que él había guardado durante 41 años. El 11 de febrero de 1982, Juan Pablo II declaró solemnemente la heroicidad de las virtudes del Hermano Gárate. El decreto de aprobación del milagro que se le atribuía fue dado el 9 de mayo de 1985, y el 6 de octubre de 1985 Juan Pablo II procedió a su solemne beatificación.

EL CASERIO ERREKARTE

Según la lápida del pórtico exterior, en 1949, la Señorita Conchita Aztiria y Zabala Anchieta donó el caserío Errekarte a la Compañía de Jesús. El caserío, que hasta el momento de esta donación había seguido siendo habitado y explotado como granja agrícola y ganadera, fue restaurado, bajo la dirección del arquitecto azcoitiano Joaquín de Irízar. En 1985, en vísperas de la beatificación del Hermano Gárate, su casa natal fue objeto de una restauración. Su memoria litúrgica se celebra el 10 de septiembre.

lunes 10 de septiembre de 2007

Mensaje actual de la Madre Teresa

Favor de difundir este mensaje de Paz y Bendición

Mensaje de la Madre Teresa
a la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer

Pekín, 4 de septiembre de 1995

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Queridos amigos:

Estoy pidiendo la bendición de Dios para todos aquellos que están tomando parte de la IV Conferencia de la mujer en Beijing. Espero que esta Conferencia ayudará a todo el mundo a conocer, amar y respetar el lugar especial de las mujeres en el Plan Divino, de manera que puedan cumplir este plan en sus vidas.

¿Por qué nos hizo Dios a unos hombres y a otras mujeres?

No entiendo porqué algunas personas dicen que la mujer y el hombre son exactamente lo mismo y niegan las bellas diferencias entre hombres y mujeres. Todos los dones de Dios son buenos, pero no todos son iguales. A menudo digo a las personas que me dicen que ellos quisieran servir a los pobres como yo lo hago: "Lo que yo hago, tú no lo puedes hacer, y lo que tú haces yo no lo puedo hacer. Pero juntos podemos hacer algo bello para Dios." Así sucede también con las diferencias entre mujeres y hombres.

Dios ha creado cada uno de nosotros, cada ser humano, para cosas muy grandes, para amar y para ser amado. Pero ¿por qué Dios nos hizo a algunos hombres y a otras mujeres? Porque el amor de la mujer es una imagen del amor de Dios. Y el amor del hombre es otra imagen del amor de Dios. Ambos son creados para amar, pero cada uno de una manera diferente. Mujer y hombre se completan mutuamente, y juntos muestran el amor de Dios más plenamente que cualquiera de los dos puede hacerlo solo.

La maternidad: el don de Dios para las mujeres

Ese poder especial de amar que pertenece a la mujer, es visto más claramente cuando ella se convierte en madre. La maternidad es el don de Dios para las mujeres. ¡Qué agradecidos tenemos que ser con Dios por este magnífico regalo que trae tanta alegría a todo el mundo, tanto a mujeres como a hombres! Sin embargo, podemos destruir este regalo de la maternidad, especialmente con el mal del aborto, pero también cuando pensamos que otras cosas, como empleos o posiciones, son más importantes que el amar, que darse uno mismo a los demás. Ningún trabajo, ningún plan, ninguna posesión, ninguna idea de libertad puede tomar el lugar del amor. Por tanto, cualquier cosa que destruya el don de Dios de la maternidad destruye su más precioso don a las mujeres la habilidad de amar como mujer.

Aceptarme como fui creado

Dios nos dijo "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Entonces primero debo amarme yo mismo correctamente y luego amar a mi vecino de igual manera. ¿Pero cómo puedo amarme a mí mismo a menos que me acepte como fui creado por Dios? Aquellos que niegan las bellas diferencias entre hombres y mujeres no se están aceptando a sí mismos como Dios los creó, y por lo tanto no pueden amar a su prójimo. Ellos solamente traerán división, tristeza y destrucción de la paz al mundo. Por ejemplo, como he dicho con frecuencia, el aborto es el mayor destructor de la paz en el mundo hoy, y aquellos que quieren borrar las diferencias entre mujeres y hombres están TODOS a favor del aborto.

El padre y la madre son reflejos el amor de Dios

En lugar de muerte y tristeza, traigamos paz y alegría al mundo. Para hacer esto debemos rogar a Dios por su don de la paz y aprender a amar y aceptar a los demás como hermanos y hermanas, hijos de Dios. Sabemos que el mejor sitio para que los niños aprendan a amar y a rezar es en la familia, viendo el amor y la oración de su madre y su padre. Cuando las familias están rotas, o desunidas, muchos niños crecen sin saber como amar ni rezar. Un país donde muchas familias han sido destruidas así, tendrá muchos problemas. Yo he visto mucho, especialmente en los países ricos, cómo los niños se entregan a las drogas o a otras cosas para escapar del rechazo y del sentimiento de no ser amados.

Pero cuando las familias son fuertes y unidas, los niños pueden ver el amor especial de Dios en el amor de su madre y su padre y pueden crecer para convertir su país en un lugar amoroso y de oración. El niño es el mejor regalo de Dios a la familia y necesita tanto a la madre como al padre, porque cada uno muestra el amor de Dios de una manera especial. La familia que reza unida, permanece unida, y si permanece unida se amarán entre sí como Dios ha amado a cada uno de ellos. Los trabajos del amor son siempre trabajos de paz.

Entonces, mantengamos la alegría de amar en nuestros corazones, y compartamos esta alegría con todos los que encontremos. "Mis oraciones para todos los delegados, y para todas las mujeres que la Conferencia de Pekín está tratando de ayudar, para que cada una pueda ser humilde y pura como María, para poder vivir en el amor y la paz con todos, y que hagan a nuestras familias y a nuestro mundo algo bello para Dios.

Recemos.... Todo por la gloria de Dios y el bien de las almas.

Que Dios los bendiga,

Madre Teresa, M.C.

Nota: La Madre Teresa no pudo asistir a la Conferencia, su mensaje de luz y de esperanza fue leído a todas las asistentes por Mercedes Arzu Wilson, Delegada Oficial de Guatemala, Presidente de la asociación Familia de las Américas. Se han añadido los títulos de los apartados.

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El fruto del silencio es la oración

El fruto de la oración es la fe

El fruto de la fe es el amor

El fruto del amor es el servicio

El fruto del servicio es la paz

Madre Teresa, M.C.


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viernes 7 de septiembre de 2007

Madre Teresa y la Vida

Favor de difundir este mensaje de Paz

La contracepción destruye el amor

Comprendo que los matrimonios deseen planificar sus respectivas familias. Pero para ellos existe la planificación familiar en base a métodos naturales. El camino para una planificación de la familia no es el aborto sino el recurso a métodos naturales. Los métodos anticonceptivos destruyen esa capacidad de generar vida y, al practicarlos, los esposos están haciendo algo contra ellos mismos. La atención se dirige hacia ellos mismos y se destruye la donación de amor orientada hacia el cónyuge. En virtud del amor los esposos orientan su atención el uno hacia el otro, como ocurre en la planificación natural de la familia, y no hacia sí mismos, como sucede en el caso de los métodos no naturales. Una vez que se ha echado mano de estos últimos métodos, el paso hacia la realización de un aborto se da con facilidad.

Sé también que existen grandes problemas en el mundo, que muchos esposos no aceptan los métodos naturales de planificación de la familia. Desde luego, no podemos solucionar todos los problemas que existen en el mundo, pero no dejemos de luchar contra el peor de todos ellos; es decir, la destrucción del amor. Esto es lo que sucede cuando le decimos a la gente que use anticonceptivos o aborte.

Castidad: dominio de uno mismo y amor hacia el prójimo

Los pobres son gente magnífica: ellos pueden enseñarnos muchas cosas hermosas. Una vez vino un hombre muy pobre a agradecernos por haberle enseñado a planificar su familia con métodos naturales. "Ustedes, la gente que practica la castidad, son los mejores en enseñar la planificación natural de la familia, ya que ésta no es nada más que dominio de uno mismo animado por el amor hacia el prójimo".

Cuando levantamos a una persona que se está muriendo de hambre en la calle, podemos reconfortarla con un plato de arroz y un pedazo de pan. Pero mucho más difícil de ayudar es aquella otra que padece pobreza espiritual, que se siente expulsada de la sociedad, no querida y aterrorizada. Un aborto, que a menudo viene después del empleo de métodos anticonceptivos, empobrece a la gente y esa pobreza es la más difícil de vencer.

¡Que Dios los bendiga!

Madre Teresa de Calcuta

El fruto del silencio es la oración

El fruto de la oración es la fe

El fruto de la fe es el amor

El fruto del amor es el servicio

El fruto del servicio es la paz

Madre Teresa, M.C.

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Nota: Tomado del discurso de la madre Teresa de Calcuta en el Desayuno anual de Oración en Washington D.C., el 4 de febrero de 1994 (se han añadido los títulos de los apartados). Asistieron cuatro mil personas, llegadas de los cinco continentes para orar y pedir que Dios gobierne el mundo. Este "Desayuno anual de oración" es convocado por el Congreso de Estados Unidos desde hace cuarenta y dos años; pero en realidad quien atrae a la gente es una persona, Dios y hombre a la vez: Jesucristo.

El mensaje más conmovedor y aplaudido fue el de la oradora principal, la Madre Teresa de Calcuta. El presidente de Estados Unidos, Bill Clinton y Al Gore, su vicepresidente, estaban presentes. Según parece no estaban allí más que para figurar y atraerse la atención de la gente, pues no sólo no aplaudieron, sino que después no hicieron nada para prohibir el aborto; dos años más tarde endurecieron más todavía la ley del aborto, permitiendo el presidente Clinton con su veto que continuase el "aborto por parto incompleto", la más mostruosa forma de matar a un niño en el último trimestre del embarazo.


jueves 6 de septiembre de 2007

Declaración de los derechos humanos del no concebido

Declaración de los derechos humanos del no concebido
Presentada en México el 28 de agosto

MÉXICO, lunes, 3 septiembre 2007 ( ZENIT.org-El Observador).- Un centenar de especialistas en derecho, bioética, medicina, educadores y otros actores sociales se estuvieron reuniendo a raíz de que el pasado 6 de junio, a título personal como químico y sacerdote, como ciudadano mexicano y católico, monseñor. Pedro Agustín Rivera Díaz presentara ante los medios de comunicación social una propuesta de «Declaración de los Derechos Humanos del Concebido».

Con este esfuerzo conjunto se llegó a una nueva redacción de aquel documento, que fue presentada en la ciudad de México el 28 de agosto pasado.

La declaración será presentada ante las Cámaras de Diputados y Senadores, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la Suprema Corte de Justicia, la Procuraduría General de la República, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Conferencia del Episcopado Mexicano, la Organización de las Naciones Unidas, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y otros organismos, hasta obtener un aval universal.

En la definición de términos se señala cómo a partir de la evidencia científica se puede determinar con exactitud el momento del inicio del embarazo, que coincide con el inicio de la vida. La promoción de tan importante documento fue asumida por la Asociación Derechos del Concebido (Comunicación con Criterio A.C.).

Monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz en la presentación de la Declaración reconoce que «anteriormente no se planteaba el deber de reconocer los derechos del concebido, dado que, en términos generales, éste no corría más riesgo que el derivado de su viabilidad biológica dentro del seno materno, es decir, de su capacidad innata, así como de las condiciones prenatales».

«Las circunstancias han cambiado y ahora parecen existir derechos a la salud y a la vida de los concebidos que no coinciden con los correspondientes derechos de sus madres --añade--. Es necesario que los derechos del concebido prevalezcan sobre otros intereses, sobre todo si entran en conflicto con ellos».

Publicamos el texto de la Declaración.

Declaración de los derechos humanos del no concebido

Principio 1.- Todo Concebido, varón o mujer, discapacitado o no, disfrutará de los derechos enunciados en esta Declaración.

Principio 2.- Todo Concebido tiene derecho a que se le reconozca como un individuo de la especie humana y, por lo mismo, cuenta con todos los derechos humanos reconocidos por la ONU, por los organismos internacionales y por las constituciones de los Estados.

Principio 3.- Todo Concebido tiene derecho a que se le reconozca su individualidad, en tanto que su código genético propio es único e irrepetible y, por lo mismo, diferente al de sus progenitores.

Principio 4.- Todo Concebido tiene derecho a que se reconozca y respete en él, el valor supremo de la vida, desde el momento de la concepción hasta su muerte natural y, por lo mismo, deberá ser respetado y cuidado este derecho a lo largo de todo su proceso de vida en el seno materno y, una vez nacido, fuera de él.

Principio 5.- El valor supremo de la vida del Concebido debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de velar por su desarrollo integral. Dicha responsabilidad recae, en primer término, en su padres, y de manera subsidiaria en sus demás familiares, en la sociedad y en el Estado.

Principio 6.- Todo Concebido deberá ser protegido de cualquier tipo de discriminació n por motivo de raza, etnia, condición genética, sexo, origen social, situación económica, de él o de sus progenitores.

Principio 7.- El Concebido es un individuo en desarrollo, con sus derechos específicos, que no puede reclamarlos ni exigirlos por razones propias de esta etapa de su vida, por lo que se impone a sus padres, a la sociedad y al Estado la obligación irrenunciable de velar por su respeto.

Principio 8.- Todo Concebido, para el pleno y armonioso desarrollo de su individualidad, deberá hacerlo bajo el amparo y responsabilidad de sus padres y, en todo caso, en un ambiente de afecto y de seguridad. La mujer embarazada deberá contar con los cuidados propios y atenciones especiales de este periodo.

Principio 9.- Todo Concebido dispondrá de las oportunidades y servicios dispensados por la ley y por otros medios, en condiciones de libertad y dignidad, para que pueda desarrollarse física, mental, espiritual y socialmente, en forma integral; con este fin deberán proporcionarse, tanto a él como a su madre, cuidados especiales.

Principio 10.- Todo Concebido tiene derecho a una nacionalidad, y el Estado deberá reconocer y proteger todos sus derechos.

Más información en www.derechosdelconc ebido.org. mx


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sábado 1 de septiembre de 2007

Fw:

El Señor muestra su salvación.

Dios nos ha enseñado a amarnos como hermanos. Jesús nos indica: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado a ustedes. Ese amor no podemos dirigirlo únicamente a aquellos que pertenecen a la iglesia del Señor. El mismo Cristo nos ha pedido que amemos incluso a nuestros enemigos, a los que nos persiguen y maldicen; nos pide que así seamos perfectos como el Padre Dios es perfecto, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos y pecadores.

Progresar más y más en ese amor nos lleva a aspirar a amar con el mismo corazón de Dios, pues Él creó a todos y a todos nos llama para que participemos eternamente de su vida; a nadie ha creado para condenarlo. Tener en nosotros el mismo amor de Dios nos debe llevar a convertirnos en auténticos apóstoles de Él, no sólo para proclamar el Evangelio, sino para hacer nuestra la misión del Señor: buscar a los hijos que el pecado había dispersado para salvarlos, dando nuestra vida por ellos, si es preciso. Trabajar por el Reino de Dios, poniendo al servicio de los demás lo que hemos recibido del Señor, es la forma de multiplicar en nosotros los bienes del Señor [1 Tesalonicenses 4,9 - 12] .

Proclamar el Evangelio jamás debe convertirse para nosotros, en causa de nuestro enriquecimiento personal. Aprendamos a ganarnos con nuestras propias manos el pan de cada día; entonces nuestro testimonio acerca del Señor será creíble para quienes buscan al Señor y lo encuentran no en quienes les despojan de sus bienes, sino en quienes dan su vida por ellos. La gracia de Dios en nosotros debe llegar, desde nosotros a más y más personas.

 

Vivamos en paz con nosotros mismos y sin entrar en conflictos con Dios, quien nos ama y a cada uno ha dado la gracia conforme a la misión que le confía en la historia; por eso más que reclamar nos hemos de poner a trabajar conforme a la medida de la gracia recibida, y al final participaremos eternamente de la felicidad de nuestro Señor que ya pregustamos, por poseerla ya desde esta vida.

 

El Evangelio nos habla de quien sólo se pasó criticando, denunciando las injusticias que pensó se cometían en el mundo, pero que finalmente no trabajó para ponerles remedio [Mateo 25,14 - 30]. Esto nos ha de hacer reflexionar que el auténtico profeta no sólo denuncia los males que hay en el mundo, sino que también anuncia un mundo nuevo, que toma un rumbo de mayor amor, de mayor fraternidad, de mayor justicia; y este anuncio no sólo lo proclama desde las azoteas sino desde su propia vida, convertida en un testimonio de fidelidad al Señor y a su Palabra, y de trabajo concreto en favor de los más desprotegidos. El Señor, que gobierna con justicia al mundo, a las naciones con rectitud, espera de nosotros una vida justa y recta, con la autenticidad que nace de un corazón que ha sido colmado del amor de Dios. Que nosotros, iglesia de Cristo, seamos un signo auténtico de la justicia y de la rectitud para cuantos nos traten.

 

¡Canten al Señor una canción nueva, pues ha hecho maravillas! ¡Ha alcanzado la victoria con su gran poder, con su santo brazo! El Señor ha anunciado su victoria, ha mostrado su justicia a la vista de las naciones; ha tenido presentes su amor y su lealtad hacia el pueblo de Israel. ¡Toda la tierra ha visto la victoria de nuestro Dios! Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra; den rienda suelta a su alegría y cántenle himnos. Canten himnos al Señor al son del arpa, al son de los instrumentos de cuerda. Canten con alegría ante el Señor, el Rey, al son de los instrumentos de viento. Que brame el mar y todo lo que contiene, el mundo y sus habitantes; que aplaudan los ríos; que se unan las montañas en gritos de alegría delante del Señor que viene a gobernar la tierra. Él gobernará a los pueblos del mundo con rectitud e igualdad [Salmo 98].

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Que el Padre Dios te bendiga y te proteja, te mire con agrado y te muestre su bondad. Que el Padre Dios te mire con amor y te conceda la paz.

J uan A lberto Llaguno B etancourt

Protejamos nuestra Biodiversidad y el Medio Ambiente [Génesis 2,15; 8,22 ]

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Telf.: 99363083 - 2710367

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